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Ponencia de Patricio Echegaray
Secretario General
Del Partido Comunista de la Argentina
La profundización de la crisis capitalista
El actual desarrollo de la crisis capitalista mundial, que produjo en las últimas semanas la caída del Primer Ministro en Grecia y la renuncia de Silvio Berlusconi en Italia, nos obliga a perfeccionar día a día el análisis de la misma realizando un seguimiento lo más detallado posible de los cambios que se producen a un ritmo cada vez mayor.
Estos cambios en los gobiernos de Grecia e Italia no han significado un cambio en las políticas vigentes, sino por el contrario, su profundización de la mano de tecnócratas que aplican planes de ajuste que expresan rotundamente la impotencia del sistema para salir de la crisis.
El prolongado estancamiento de la economía japonesa, las rebeliones en los pueblos árabes, la posibilidad de default que enfrentó EEUU, convertido hoy en el mayor deudor del mundo y los grupos de “indignados” que se han extendido desde Madrid hasta el propio corazón de Wall Street son una clara muestra de esto.
Hemos realizado en nuestro Partido un importante seguimiento del desarrollo de la crisis y constatamos como fue quedando fuera de circulación la idea de que el capitalismo estaba inmunizado ante las crisis, contando con una capacidad casi infinita para sortear las mismas.
En estos meses, vimos también quedar atrás las posiciones esgrimidas por los líderes mundiales quienes, en sus cumbres, se esforzaban por plantear que en verdad, la crisis no era del capitalismo como sistema, sino que se trataba de políticas irresponsables de algunos países, de tornillos flojos que podían ser reparados y que, por lo tanto, todo tenía una solución, no sencilla pero posible en un lapso relativamente breve.
Esta concepción, hija directa del pensamiento neoliberal, operó como justificación de esos Estados para inyectar enormes sumas de dinero en los bancos e instituciones financieras, intentando tapar los grandes desfalcos producidos por los mismos.
Estas políticas fracasaron junto a las promesas de pronta recuperación que llegaban desde los centros capitalistas, principalmente desde los EEUU, donde ante el menor indicio de mejora anunciaban que allí empezaba la reversión de la crisis.
De estos anuncios optimistas se hicieron eco los gurúes económicos de nuestro país, dejando en claro que son meros portavoces del poder financiero, evitando analizar la situación en su conjunto y sin tener en cuenta, por ejemplo, el aumento de la desocupación en los países centrales, dato central para medir las perspectivas de la economía en esos países. Hemos visto en los periódicos que EEUU está superando el 9% de desocupación, dato muy serio que jugará un importante papel en un posible próximo periodo de recesión con inflación.
Hoy podemos decir que ya estamos inmersos en la segunda etapa de la crisis, así como la primera etapa de la crisis se caracterizó por el estallido de las deudas privadas, esta segunda etapa se caracteriza por el estallido de las deudas públicas. El centro del mundo se debate en un caos económico y financiero con proyecciones a lo social, a lo militar, a lo energético, a lo alimentario y lo ecológico.
Valga como ejemplo de esto consignar que en los EEUU se están destinando 200 millones de toneladas de maíz para la producción de etanol, que en África, el continente más castigado por el hambre, crecen las plantaciones de palmera africana para obtener aceites pasibles de ser transformados en combustible.
Lo mismo pasa en Colombia, donde los planes falsamente pacificadores del presidente Santos proponen que, en las zonas abandonadas por los campesinos bajo la presión paramilitar, se planten 5 millones de hectáreas de palmera africana. Todo esto es de una peligrosidad gigantesca y va en consonancia con la sistemática política del Estado colombiano de horadar toda posibilidad de solución política al conflicto en Colombia. La persecución y asesinato de Alfonso Cano, a quien homenajeamos, no deja margen para la duda. Como en su momento Reyes, ahora Cano es asesinado en momentos en que se estaban preparando pasos políticos que aportarían a la mesa de paz negociada y justa que es la única salida posible en Colombia.
En el mismo sentido se ubica la intervención militar en Libia y el asesinato de Khadafy, otro ejemplo de esta barbarie que, invocando objetivos humanitarios, arrasa países, persigue y asesina a los líderes molestos a los intereses imperiales y podemos consignar dentro de esta lógica la negativa de los EEUU a aceptar el reconocimiento de Palestina como Estado independiente, status propiciado por la inmensa mayoría de los países del mundo.
La tendencia del imperio a aumentar su agresividad a la vez que se agrava su crisis se verifica también en la nueva ola de amenazas a Siria, Irán y Pakistán.
En el marco de la crisis debemos seguir con atención la situación de Japón, que aparte de las catástrofes ecológicas, está decreciendo al ritmo del 3%. Hay que estar muy prevenidos con Europa, hasta ahora habían puesto la mira en Grecia, Portugal, España e Islandia, pero la crisis en Italia y las protestas en Inglaterra demuestran que lejos estamos de que encuentren una solución y que la tendencia sigue siendo a la profundización de la crisis. También debemos prestar atención a lo que suceda en Alemania y Francia, cuyos líderes pretenden hoy erigirse en los gendarmes de las arcas europeas violando la soberanía y autonomía de los demás países de la Comunidad.
La crisis se profundiza y afecta el corazón mismo del sistema, los EEUU. Quien podía imaginar que la mayor potencia del mundo, sufriría los embates de las calificadoras de riesgo y enfrentaría la posibilidad de declarar el default como sucedió meses atrás.
En ese trance, el pedido de Obama para que el Congreso autorice un incremento en el techo de endeudamiento que alcance el 120% del PBI, (PBI que es casi de 14 billones de dólares), fue sometido por los republicanos a un proceso de condicionamiento terrible que ha llevado al ministro de economía de los EEUU a declarar que la vida de la gente va a ser “dramática en el futuro cercano”.
Siguiendo las recetas habituales, los ajustes se enfocan sobre los sectores más débiles, se busca defender a toda costa que los ricos no paguen más, y se recarga la crisis en los más débiles.
Debemos seguir con mucha atención lo que está sucediendo ya que una situación como esta ni siquiera se ha vivido en la crisis de los años 30.
Es necesario tomar conciencia de que está entrando en caída acelerada el 60% de la economía mundial, la cual ha entrado en una etapa de crecimientos anémicos, estancamientos y recesiones, parámetros que confeccionan la radiografía del capitalismo actual.
Esto no se da uniformemente, los países centrales están a la vanguardia del proceso de crisis, mientras las áreas periféricas aún se expanden a ritmos elevados, alimentando ilusiones acerca de los nuevos capitalismos emergentes salvadores del sistema. Más temprano que tarde estas ilusiones corren el riesgo de seguir la misma suerte que sus hermanas mayores, aquellas que en los años 90 nos abrumaron con la supuestamente irreversible victoria del capitalismo liberal bajo la hegemonía se los Estados Unidos.
Enfrentamos una lógica perversa impulsada por las grandes potencias ahogadas por sus deudas, lo que traerá fuertes contracciones en el comercio internacional que, inevitablemente frenarán y harán retroceder el impulso exportador del que hoy disfrutan las economías periféricas, entre ellas la nuestra.
Los gobiernos que en estos países, confían en que buena parte de sus exportaciones ya no se dirige hacia los países ricos sino hacia otros países emergentes como India y China y en buena parte Brasil que, aunque sostiene su crecimiento, puede estar condicionada por sus exportaciones a sus clientes norteamericanos, japoneses y europeos.
Sumemos a esto que la maraña financiera global, que atrapa a las naciones sean estas centrales o periféricas, anida y se desarrolla en las economías hiperdesarrolladas, condicionando al resto del mundo.
Frente a esto cabe preguntarse: ¿Habrá derrumbe espontaneo del capitalismo?
Evidentemente derrumbe per se no habrá, si no hay alternativas, si no se avanza en la construcción de poder popular, el capitalismo no se derrumbará naturalmente y podemos enfrentar un largo y peligroso periodo de agonía y caos capitalista.
La Argentina en 2001 y España en la actualidad, demuestran que solamente con manifestaciones de indignados no se resuelve, ellos son un síntoma, pero sólo con protestas y manifestaciones no se resuelve. El triunfo de Rajoy lo demuestra.
Hay que tener fuerzas alternativas muy preparadas y muy liberadas de ese temor reverencial a superar los límites del capitalismo, del temor y las heridas morales que produjo la caída del Este y muy resueltas a producir avances en un sentido anticapitalista estructural, en una dirección socialista.
No va a haber derrumbe pero si habrá un desorden terrible y por lo tanto, como venimos diciendo, tenemos la posibilidad de aprovechar esto desde las izquierdas y llevar adelante una coordinación ideológica, política y organizativa que nos acerque cada vez más a un momento de tonificación de la propuesta anticapitalista en el mundo, cosa de la que todavía estamos bastante lejos.
Lo paradojal de la situación que vivimos radica en que junto a la crisis sistémica del capitalismo, cohabita una crisis de las alternativas revolucionarias. La tarea del momento es concentrar inteligencia y esfuerzo organizativo en la superación de esta crisis de alternativa.
Sería una gran ayuda en esta dirección que desde este ámbito de unidad de los Partidos Comunistas promoviéramos una acción sistemática consistente en reuniones nacionales y regionales orientadas a debatir los temas teóricos y prácticos que plantean la posibilidad de generar frentes populares con aptitud para constituirse en alternativas impulsoras de procesos pos-capitalistas.
En la configuración de dichas fuerzas, entendemos que junto a nosotros, los comunistas, debemos lograr el aporte de fuerzas vinculadas a los nacionalismos populares revolucionarios, y otras posiciones avanzadas sin ningún tipo de sectarismo.
Tenemos que jugar un papel en ese sentido. Ya pocos dudan de que se enfrenta un largo periodo de crisis sistémica y ajuste, los mismos líderes del sistema, como la canciller alemana Ángela Merkel han anunciado públicamente que la misma se extenderá al menos por 10 años.
No hay forma de que la crisis no comience a proyectarse del centro a la periferia y el desafío pasa por la forma de enfrentar la misma. Tenemos que estar alertas ante este cambio en la dinámica de la crisis y sobre la repercusión que puede tener sobre Argentina y el conjunto de la región.
A partir de estos análisis, y consientes de la necesidad de articular políticas regionales, Nuestro Partido ha fortalecido su tarea internacionalista revitalizando la relación con Partidos hermanos de la región y del mundo.
América Latina frente a la crisis
Ante la profundización de la crisis es necesario analizar las implicancias que la misma puede tener para América Latina y para nuestro país, donde desde el gobierno argentino se enarbola un discurso que dice: “miren a los que nos pretenden dar lecciones, se hunden mientras nosotros florecemos”, es un discurso frente al que hay que tomar recaudos, incluso ante las versiones más moderadas del mismo, ya que representa un enfoque que puede resultar peligroso al menospreciar los efectos que puede tener la crisis en la región.
En este contexto es importante realizar un atento seguimiento de la situación latinoamericana.
Los comunistas argentinos siempre hemos valorado el proceso de segunda independencia que comenzó con la revolución cubana y que, a principios del siglo XXI, se extendió con una serie de gobiernos progresistas surgidos de la crisis del neoliberalismo y que trataron de romper con el Consenso de Washington determinando que América Latina pasara de ser patio trasero a una zona de erosión del poder norteamericano.
En EEUU perciben el problema y entendieron que en el gobierno de George W. Bush se aligeró imprudentemente la atención sobre América Latina, por lo cual la administración Obama lleva adelante un recrudecimiento del manto de agresión y amenaza militar en la región (IV Flota, Bases, continuidad del Plan Colombia) pero también impulsan maniobras políticas como el fomento a las derechas opositoras, el hostigamiento a los gobiernos progresistas, golpes de Estado exitosos como en Honduras o fracasados como en Venezuela, Ecuador y Bolivia, en el fracaso de estos dos últimos, jugó un importante papel la UNASUR y el impulso de una nueva alianza llamada Alianza Igualitaria que tiende a resucitar la Alianza para el Progreso y que avanzó en la construcción del cinturón del Pacifico.
Hemos celebrado el sexto aniversario de esa histórica jornada antiimperialista donde enterramos el ALCA en Mar del Plata, pero no podemos olvidar que ante esta derrota han ido construyendo TLC bilaterales en varios países como forma de recomponer su situación. Desde ahí intentan complicar el proceso latinoamericano país por país pero también los procesos de integración. Atacan el ALBA, la UNASUR, el MERCOSUR y ven con suma preocupación la constitución de la CELAC, lo que será un extraordinario avance en la integración sudamericana y caribeña, sin la participación de EEUU y Canadá.
También está avanzando la creación del Banco del Sur y la posibilidad de contar con una moneda virtual común para el intercambio comercial. Todo esto llama la atención sobre la necesidad de trabajar más fuertemente con los movimientos sociales, con los distintos movimientos de masas, profundizando la comprensión, la información y la valoración de los procesos de integración en latinoamérica, no sólo como una integración política sino, en el marco de la crisis, como ámbitos de probable integración económica que actúen como espacios de mercados integrados que le permitan a nuestros países tener una vía de escape para manejarse en un terreno de crisis.
En este sentido, citamos a Jorge Beinstein, un reconocido economista de nuestro país quien, en un artículo llamado El comienzo del invierno global dice: “La inmensidad de la crisis financiera oculta una crisis mucho más profunda lo que podría llevarnos a conclusiones pesimistas, sin embargo una visión más amplia fundada en la experiencia histórica nos muestra que la grandes perturbaciones suelen desestructurar las formas culturales dominantes y sus prejuicios, la legitimidad de sus instrumentos de comunicación y control ideológico, lo que abre el espacio a la racionalidad, a la toma de conciencia del mundo real.
Mientras avanza la despolarización político-militar-económica (y en consecuencia ideológica) avanzan también los procesos de integración en la periferia, desde UNASUR hasta la convergencia asiática en torno de la Organización de Cooperación de Shanghái y otros mecanismos regionales. Las rigideces doctrinarias que imponía la “ortodoxia” neoliberal (fachada de la financierización global) son hoy criticadas y desobedecidas no solo por académicos o movimientos sociales sino incluso por numerosos gobiernos de países periféricos que han logrado importantes márgenes de autonomía”
Aquí aparece claro que la integración y los mecanismos de la integración no actúan per se, sino que actúan en contradicción y en confrontación con los procesos de despolarización y de desarticulación estratégica que ha llevado a situaciones como la ocurrida en el norte de África que en realidad es un proceso de desarticulación de un espacio geopolítico que funcionaba al servicio del imperio desde la pos segunda guerra mundial. Esta visión activa de de la integración nos debe llevar a dar un mayor peso y trascendencia a nuestro trabajo en defensa y desarrollo de la misma.
El ataque de los EEUU a estos proceso de segunda independencia en la región lo vemos en el incremento de la presión sobre Cuba y la voluntad manifiesta de resolver por vía militar el conflicto en Colombia podemos hablar de una verdadera estrategia integral de la administración Obama contra el presente latinoamericano y sus procesos de integración.
Si este proceso no es más violento y más agresivo en lo económico es porque la crisis y los problemas internos les reclaman atención muy seria, pero el plan lo tienen.
Más allá de estas amenazas, América Latina continúa produciendo hechos importantes en el camino de la emancipación, que alientan las esperanzas.
Veamos las luchas en Chile contra Piñera, la caída de su popularidad, el papel de los estudiantes y del Partido Comunista en este proceso que ni la represión salvaje ha podido amedrentar. El triunfo de Ollanta Humala en Perú por sobre Keiko Fujimori es un dato importante, fue un golpe a la nueva derecha y es positivo.
América Latina mantiene tendencias muy profundas a continuar por este camino de rupturas con su situación anterior de patio trasero norteamericano y a proyectarse en un proceso sostenido hacia la segunda independencia.
El triunfo de Cristina Fernández debe incluirse en este plano y lo mismo debemos decir del reciente y abrumador triunfo de Daniel Ortega.
Para sostener estas perspectivas, entendemos que conviene complejizar el análisis y, aquilatando un enfoque gramsciano, preservar todo el optimismo de nuestra voluntad, introduciendo algunos elementos de escepticismo para enriquecer nuestra inteligencia.
Los procesos progresistas, llamémoslos así para unificar el análisis sabiendo que son diferentes y tiene variantes muy importantes entre ellos, han sido eficaces para cerrar las crisis de gobernabilidad heredadas de los procesos neoliberales.
En lo económico-social, la situación resulta más matizada, son procesos que han aprovechado bastante bien la bonanza o el “viento de cola”, mezclándolo, en mayor o menor medida según los casos, con medidas keynesianas suaves, que marcan grandes diferencias con los periodos neoliberales, diferencias que son valoradas por sectores populares amplios, pero al no haber avanzado prácticamente en transformaciones estructurales más profundas, van a empezar dentro de no mucho tiempo a mostrar sus límites, sus techos y demostrarán, en definitiva, que si no se producen estos cambios profundos apoyados en la fuerza y la organización de los sectores populares, pueden ser reversibles.
El triunfo de Cristina Fernández de Kirchner y los desafíos futuros
El triunfo de proporciones históricas logrado por Cristina Fernández el 23 de octubre pasado llegando al 54% de los votos, y la magra cosecha electoral alcanzada por los sectores de la derecha nostálgicos de las políticas que reinaron en el país de la mano del Consenso de Washington en la década del 90, resulta un dato sumamente alentador para quienes, manteniendo nuestra autonomía con respecto al gobierno, decidimos apoyar este proceso impulsando la profundización y radicalización de los cambios necesarios en la Argentina.
Sabemos muy bien que la necesaria autonomía política frente al gobierno bajo ningún punto de vista debe ser confundida con neutralidad, por lo cual desde el 2003 hemos apoyado aquellas medidas que se tomaron a favor de los sectores populares como las políticas de Derechos Humanos, las políticas de integración regional que llevaron a dar ese gran paso de autonomía frente al imperio que significó la contracumbre de Mar del Plata donde se dejaron atrás las “relaciones carnales” y se enterró el ALCA. Apoyamos también la Asignación Universal por Hijo, la reestatización de las AFJP y de Aerolíneas, la ampliación de las jubilaciones, la vigencia de las paritarias y el matrimonio igualitario.
Teniendo en claro cuál es el enemigo principal, nos ubicamos correctamente en el conflicto de 2008 con la burguesía agroexportadora, fuimos críticos de la teoría del “fin de ciclo” impulsada por los grandes monopolios informativos y en el 2009 construimos el acuerdo entre Nuevo Encuentro, el Frente para la Victoria y otros sectores que ha sido refrendado en las urnas.
Los comunistas entendemos que este triunfo debe ser utilizado como una oportunidad para avanzar en temas pendientes de mucha importancia.
Es el momento, por ejemplo, de tomar algunas medidas enérgicas en la recuperación de los recursos petroleros y gasíferos que permitan elaborar un proyecto energético propio. Están dadas las condiciones para encarar el problema de la minería, el cual no solo debe ser tomado en cuenta por el factor ambiental y contaminante, sino también por el saqueo que esta actividad representa, por lo cual se impone una nueva ley de minería que impida este saqueo por parte de los grandes monopolios trasnacionales. Existen mejores condiciones para afrontar una drástica recuperación de los ferrocarriles, para impulsar una reforma financiera y una reforma tributaria que permitan seguir potenciando el salario, avanzar hacia el 82 por ciento móvil en las jubilaciones, terminar con el trabajo ilegal y recomponer el 50 y 50 en el reparto de la renta como base para seguir avanzando en la distribución y creando condiciones para revertir los problemas que aún golpean a los argentinos y a los sectores populares en particular en lo que hace a salud, educación, instalaciones sanitarias, el 60% de los argentinos carece de cloacas y el grave problema de la vivienda que, según los datos del último censo, cuenta con un déficit de 3 millones de unidades.
Hoy existen mejores condiciones para impulsar estos cambios estructurales y a eso apuntamos los comunistas desde un partido que se ubica en las contradicciones de clase, observando que se puede emprender un camino de profundización de los cambios, como única forma de impedir los intentos restauradores de las derechas o una posible descomposición que puede afectar a lo que se da en llamar el proyecto nacional si no profundiza el camino que, en realidad, le otorgó la resonante victoria del 23 de octubre.
Sabemos que es imprescindible avanzar en los cambios estructurales del capitalismo argentino y que una parte de estos avances pueden hacerse a través de reformas de tipo keynesiano que existen en el arsenal histórico del peronismo y que el gobierno debería utilizar sin ningún temor.
Advertimos al mismo tiempo que la capacidad de reformas de este capitalismo es absolutamente menor que la del capitalismo del primer gobierno de Perón, razón por la cual será fundamental un debate sobre la necesidad de agredir la estructura capitalista como tal y en rigor ubicar que la contradicción no es entre el anarco-capitalismo financiero y un capitalismo serio, sino entre el capitalismo realmente existente y un cambio de carácter estructural (revolucionario) en dirección al socialismo tal como se está planteando en otros procesos de la región.
Este es el desafío que se enfrenta después de este triunfo histórico de la presidenta, profundización de los cambios estructurales o restauración sigue siendo la disyuntiva de la hora y lo peor que le puede pasar al gobierno, es dormirse en los laureles de la avalancha de votos que conquistó.
Ponerle nombre y apellido a la profundización
Como venimos analizando, a partir del histórico resultado electoral, y del apoyo popular que el mismo implica para gobierno, estamos frente a una oportunidad inigualable para profundizar las reformas estructurales necesarias.
Con la derecha política derrotada estrepitosamente, sectores del poder económico-financiero han iniciado una etapa que, buscando instalar incertidumbre sobre la cotización del dólar, intenta desviar el debate y poner freno a los avances que puedan lograrse para ganar un tiempo precioso en su intento de recomposición.
Afrontamos un año clave en la consolidación de lo alcanzado, existen óptimas condiciones para avanzar en la tan mentada profundización, pero para eso debemos tener en claro en qué consiste la misma, poniéndole nombre y apellido a las políticas que implicarían un verdadero avance.
Ese es el desafío que debe enfrentar el gobierno y a su éxito queremos aportar los comunistas para lo cual debemos insistir con propuestas como las que presentamos en el Castelar II. Entendemos las mismas como pasos fundamentales en la profundización de las reformas estructurales necesarias, lo cual requiere un plan de acción que se articule con base en los siguientes ejes: la integración latinoamericana, la distribución de la riqueza y la reforma impositiva, la recuperación del patrimonio nacional, la transformación del sistema financiero en servicio público, el desarrollo rural sustentable, la promoción de la economía social y la ampliación de los espacios democráticos.
Entendemos que es importante trabajar decididamente en impulsar estas medidas y orientaciones, no podemos dejarnos influenciar por los discursos que minimizan la repercusión de la crisis en América Latina.
Será saludable moverse con el supuesto de que la crisis afectará, y que el clima que se instalará es el de una fuerte puja distributiva.
Ante esta puja distributiva en ciernes, resulta imprescindible que impulsemos una fuerte acción de defensa del salario y del 82 % móvil para los jubilados como formas básicas de impulsar el mercado interno.
Para esto habrá que potenciar el impulso a movimientos amplios y con capacidad de acción contra los tarifazos que asoman en el horizonte y recuperar banderas tales como el boleto obrero-estudiantil, entre otras, colaborando en la organización de amplios movimientos que den respuestas a toda las situación que intente recargar los efectos de la crisis sobre los trabajadores y el pueblo.
No debemos perder de vista la posibilidad de cambios bruscos en el próximo periodo, si se instala un clima de puja distributiva puede haber grandes convulsiones, debemos prever esto y seguir atentamente las controversias que se instalan en el gobierno sobre los pasos a seguir.
Hemos analizado como a crisis marca el techo de los procesos en la región, por eso es fundamental que el movimiento popular sostenga y eleve los pisos como forma de perforar esos techos. No podemos hacer política desde una actitud meramente expectante sobre lo que hará o dejará de hacer el gobierno, tenemos que tener iniciativas políticas para elevar los pisos y presionar al gobierno para que radicalice su accionar.
El papel de los comunistas
Los comunistas defendemos la vigencia del marxismo en una clave que ya es clásica dentro del PCA. Como Partido hemos entendido que la caída del socialismo real produjo el descredito de la idea del socialismo y una baja en la adhesión al marxismo en los primeros momentos.
Pero no nos rendimos, seguimos luchando, tuvimos que resistir y defender nuestras ideas y lo hicimos apoyándonos en Marx sin dogmatismos, desarrollando permanentemente su pensamiento que es crítico, creador y revolucionario.
Nosotros hemos planteado una concepción amplia de la clase obrera, no se podía seguir con la concepción binaria de burgueses y obreros y hace ya muchos años apuntamos a mirar y complejizar el problema del sujeto social.
Nos animamos a complejizar la concepción de clase incorporando las problemáticas de de género, orientaciones sexuales, pueblos originarios y otras, con mucha audacia en este sentido.
Esto lo hicimos en momentos en que al capitalismo se lo consideraba omnipotente, incluso en nuestras propias filas. Hoy frente al inusitado desarrollo de la crisis capitalista de sus potencialidades negativas, ante este capitalismo que se propone globalizar los sufrimientos, se ha legitimado el debate sobre una sociedad más humana, una sociedad poscapitalista, y esta sociedad es el socialismo enriquecido por las experiencias del siglo XX, tanto de las positivas como de los errores cometidos.
Se legitima cada vez más la necesidad de una alternativa social al capitalismo, y eso nos exige convencernos de que es posible y necesario ser marxistas, ser más marxistas que nunca. Usando nuestra inteligencia para remarcar la necesidad de abordar los desafíos de la época con un marxismo renovado y en permanente recreación.





