CP of Argentina, Boletín De Informaciones Nacionales Año 12 - Nº5 – 11 De Abril De 2019

4/15/19 3:29 PM
  • Argentina, Communist Party of Argentina Es South America Communist and workers' parties

Macri y el FMI

 

Los cambios políticos en América Latina y el Caribe en los últimos años van acompañados de la creación del Foro para el progreso de América del Sur (Prosur). No hace falta mucho más para saber que esta coordinación tiene el objetivo definitivo de lograr la caída del gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, arrastrar con ese propósito a Nicaragua y finalmente a Cuba, para impedir que las experiencias de cambio social de fondo se instalen en nuestra región. Ninguna militancia y organización popular debe excluirse de la solidaridad activa y de la labor de esclarecimiento acerca de la política del imperio y sus títeres.

Entretanto, en nuestro país, el presidente Macri, en uno de sus peores momentos, intenta salvar la crisis alimentaria en curso con medidas para paliar la carestía. Como existe una clara asimetría de poder entre trabajadores y empresarios, el Estado tiene que regular la dinámica de formación de precios, incluyendo políticas que coordinen metas, controlen el crecimiento de la inflación, las mejoras de empleo y productividad y una mejora real de la situación distributiva de los trabajadores. Estas herramientas, de las que dispone el Estado para intervenir en la economía, el ideario neoliberal no piensa utilizarlas. El parche de congelación de precios de estos días, con 33,6 por ciento de pobreza, es una medida propagandística y electoralista, que llega con aumentos de precios consolidados de entre cincuenta y cien por ciento.

Como nunca tiene vigencia la necesidad de responder a este “momento de grave incertidumbre política” al decir del Presidente, con una coordinación de todas las luchas. La enorme movilización obrera de la semana pasada en sí misma mostró la dispersión organizativa y la  necesidad de un paro general activo.

En la apertura de sesiones Macri habló de Argentina como supermercado, de treinta años para lograr una nueva Argentina, que sea para siempre. Una reforma profunda de verdad.

Es una buena razón para abordar cada aspecto de la lucha, y en particular la disputa electoral, con energía y en la búsqueda de alianzas amplias, que agrupen las mejores representaciones de los sectores populares, que tengan en cuenta la relación de fuerzas desigual que expresan los diferentes programas, que tengan como prioridad acabar con el gobierno de hambre y desocupación de Macri. Esto incluye la lucha que es necesario organizar incansablemente para expulsar al FMI, impedir que la especulación fraudulenta de la deuda externa se instale para siempre en nuestra Argentina y para crear los caminos de combate a la dependencia, de liberación nacional y social. Trabajo largo y minucioso, que nuestra militancia encara con pasión.

 

 

 

La derecha tiene su PROsur

Una integración en términos neocoloniales

 

El titular del Centro de Estudios y Formación Marxista  Héctor P. Agosti, reflexiona sobre la creación de este espacio regional.

 

La avanzada de las derechas latinoamericanas, y su consecuente competencia para ver cuál de ellas logra ubicarse en el podio de lamebotas destacada del imperialismo estadounidense, tiene en estos días un nuevo capítulo.

Mauricio Macri (Argentina), Jair Bolsonaro (Brasil); Mario Abdo Benítez (Paraguay); Martín Vizcarra (Perú); Iván Duque (Colombia) y Lenín Moreno (Ecuador), son recibidos por Sebastián Piñera (Chile), quien hace las veces de anfitrión de una cumbre que busca crear un espacio de integración a la medida de los intereses imperialistas, el Foro para el Progreso y el Desarrollo en América del Sur, Prosur.

Tras el fracaso del Grupo de Lima, espacio creado específicamente para coordinar los ataques sobre Venezuela, hoy intentan crear un nuevo espacio de articulación de las derechas en la región. Esto no es ninguna novedad, iniciativas como estas son herederas directas de la Doctrina Monroe, conocida como “América para los americanos”, de 1823, reafirmada bajo el gobierno de Andrew Jackson (1829-1837), por un colaborador suyo, John O’Sullivan, quien señalaba: “El cumplimiento de nuestro destino manifiesto es extendernos por todo el continente que nos ha asignado la Providencia para el desarrollo de un gran experimento de libertad y autogobierno federado […]. Esta tierra enérgica y recién tocada por la mano de Dios tiene una “misión sagrada para con las naciones del mundo”, dicho esto, nadie podría dudar que “el vasto e iluminado futuro sería la era de la grandeza norteamericana”.

En tiempos más cercanos, recordamos el intento de instalar el Alca, iniciativa rechazada en Mar del Plata, Argentina, en 2005 en el marco de unos años en los que se avanzó en la creación del Alba, la Celac y la Unasur como espacios de integración que buscaban establecer importantes grados de autonomía frente a la política de los EE.UU.

Destruir la Unasur y el Parlasur son algunos de los objetivos declarados del Prosur.

La cuestión de la integración no es nueva y que existan diversos proyectos e intencionalidades tras estos intentos tampoco.

Desde antes de nuestra consolidación como naciones, los debates sobre los vínculos entre nuestros territorios fue tema central en las discusiones de muchos pensadores como Simón Bolívar y José Martí, quienes imaginaban una Patria Grande y la pensaban en términos de Nuestra América.

En este sentido, en las últimas décadas se desarrollaron en América Latina una serie de procesos políticos que, buscando salir de la lógica neoliberal, avanzaron en la construcción de alternativas políticas y sociales antineoliberales, orientadas en un sentido emancipatorio y teniendo como marco de referencia la necesidad de fomentar un proceso de integración latinoamericana como condición de éxito de tales políticas.

Estos procesos no sólo se dieron a escala nacional, logrando avances significativos en la vida política interna de algunos países de la región con la acelerada expansión de los derechos económicos y sociales de la ciudadanía y sus consecuentes procesos de inclusión social;  sino que el paradigma de la integración latinoamericana y caribeña ocupó un espacio central en la perspectiva asumida por los mismos en la concreción de espacios de integración regional como los mencionados.

Esto no es perdonado por el imperialismo. Por eso tan importantes como estos procesos son los intentos que sigue llevando adelante el imperialismo para poner freno a los mismos por la vía de ofensivas destituyentes y la restauración del paradigma neoliberal en varios países.

Como decíamos, no se puede dejar de tener en cuenta un momento que marcó a fuego este proceso y funciona como parteaguas a la hora de posicionarse frente al mismo. El rechazo a la propuesta de EE.UU. de implementar el Alca, el famoso “alca al carajo” que enunció Hugo Chávez en Mar del Plata en 2005, dejó en claro el nivel de autonomía, autodeterminación y antimperialismo con el cual se libra la batalla por una integración de espíritu nuestroamericano, como sostenía José Martí.

A partir de ese momento, el imperialismo redobló sus esfuerzos por recuperar el control de la región y sojuzgarla a sus intereses. Como es su costumbre, vuelve a impulsar un modelo de integración americana según sus criterios políticos, económicos, culturales y sociales.

Para esto, a lo largo de la historia ha alternado la intervención directa, ha promovido y respaldado golpes militares y, actualmente, se ha lanzado a una lucha frenética por recuperar el control de la región a la que considera su “patio trasero” según su “destino manifiesto”.

De este plan forma parte el Prosur, como modelo de integración en términos neocoloniales. Por eso resulta necesario recuperar la ofensiva y entender  la integración como un instrumento para la unidad, como parte de un ideario liberador y emancipatorio, teniendo en cuenta que no todo proyecto integracionista lo es, como este pretendido Prosur, y que el cumplimiento del ideario emancipatorio es lo que está en disputa en Nuestra América.

 

 

Hora de construir ofensiva

 

Una jornada que dejó incógnitas y certezas. Varios frentes, una lucha. El Partido Comunista, La Fede, la Conat y el MTL dijeron presente en la movilización que, con epicentro en Buenos Aires, recorrió las principales ciudades del país.

 

La jornada del jueves 4 volvió a dejar en claro que es imperioso avanzar hacia un plan de lucha que salga al cruce de las políticas gubernamentales, pero que también signifique un paso imprescindible para la construcción de un centro que coordine todas las luchas y demandas que -de manera dispersa- se manifiestan en todo el país.

Y no sólo esto, ya que la dinámica de un plan de lucha que ponga en la calle el reclamo debe ser también un componente medular del aporte del universo del trabajo -sindicalizado y territorial- al frente opositor que, en la arena política, dispute electoralmente contra el bloque de poder que gobierna desde diciembre de 2015.

Por eso el Partido Comunista, La Fede, la Conat y el MTL dijeron presente en esa movilización que, con epicentro en Buenos Aires, recorrió las principales ciudades del país.

Fue una jornada contundente que expresó la voluntad de avanzar en un esquema que priorice la unidad en la acción, pero en la que también volvió a quedar expuesto el ADN de de la vieja burocracia sindical-empresarial a la que no le quedó otra que movilizar, pero sigue confiada en que puede garantizar la pax que el Gobierno Cambiemos le exige.

El día anterior de la marcha, el titular del gremio de empleados de estaciones de servicio, Carlos Acuña, arregló un acuerdo para ese sector, que estipula una recomposición salarial del 28 por ciento. La cifra se corresponde con el techo que intenta imponer el Ejecutivo para las paritarias de este año y está muy lejos del cincuenta por ciento anualizado que, ahora mismo, alcanza la inflación.

Pero el dirigente barrionuevista no es el único que abrió el paraguas antes de que caiga una sola gota.

“La CGT no está evaluando un paro en este momento”, dijo el secretario general de Upcn, Andrés Rodríguez, poco antes de sumarse a otros Gordos que se dieron cita en la marcha.

El Centauro, como le dicen sus amigos por la pasión de Rodríguez por coleccionar caballos pura sangre, dijo que apuesta directamente a “un cambio de gobierno en las elecciones”.

La sintonía es perfecta. “No consideramos que la huelga sea un buen instrumento de solución de conflictos”, dijo el ministro Dante Sica al darle la derecha (nunca mejor dicho) a El Centauro y al resto de burócratas que, desde que Mauricio Macri es presidente, pusieron todo su empeño en la tarea de obstaculizar cualquier intento de construir articulación para avanzar en un plan de lucha. Los resultados están a la vista.

En este sentido, quizá sólo haga falta decir que de acuerdo a datos oficiales, el diez por ciento de los hogares más ricos concentraron -a fines de 2018- el 32,3 por ciento de los ingresos, al tiempo que el diez por ciento más pobre se quedó apenas con  el 1,6.

¿Qué quiere decir esto que ni siquiera puede ocultar el Indec? Que la distribución del ingreso fue menos equitativa durante ese año, con lo que profundizó una característica que se manifiesta desde que asumió el Gobierno Cambiemos.

 

 

En todos los frentes

 

Pero la jornada sumó también a otros sectores. “Hay una decisión tomada respecto de convocar, en forma inmediata, a un paro nacional”, dijo desde la CTA de los Trabajadores Hugo Yasky, quien añadió que la medida de fuerza debe llevarse a cabo durante este mes.

Y, en idéntica sintonía, el secretario general de la Asociación Bancaria, Sergio Palazzo, fue claro al aseverar que las condiciones para un paro general contra la política económica del Ejecutivo “están recontra dadas”. Tras lo que aclaró: “hay que tener la decisión política de enfrentar a este gobierno”.

Algo más cauto, el titular de la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte, Juan Carlos Schmid, dijo que hay condiciones para un paro general, “pero hay que trabajarlo, conciliar posiciones con los demás sectores”.

Mientras que Pablo Moyano no anduvo con vueltas: “la situación no se aguanta más” recalcó, por lo que indicó que Camioneros propicia una medida de fuerza de alcance nacional “antes que termine abril”.

En este punto vale entonces preguntarse cuáles pueden ser las consecuencias que deje esta jornada. La pregunta lejos está de ser antojadiza, ya que la de ayer no fue la primera jornada de movilización de estas características que tiene lugar desde diciembre de 2015. Y, en todos los casos, lo que se puso en la calle, se diluyó a los pocos días.

Y es importante reflexionar sobre qué dejó hacia adentro de los universos político y sindical, pero también en la interacción de ambos, más aún en un año en el que el bloque de poder que gobierna desde 2015 debe confrontar electoralmente, bajo el diseño de la alianza que actualmente ocupa La Rosada, u otro.

Son varias las cosas que se ponen en juego de cara a las presidenciales. Una de ellas es la salud del esquema de representación política que tras volar por el aire en diciembre de 2001, avanzó en su consolidación con la aparición de Cambiemos.

Las reticencias a convertir a la jornada de ayer en plan de lucha tienen que ver -entre otras cosas- con la vocación que tiene buena parte del universo sindical, de consolidarse como actor de ese sistema de representación que requiere el Estado Liberal Burgués.

Pero la jornada y sobre todo la forma en que se construyó, pese al desgano de la burocracia, exhibe que hay un camino positivo, incipiente y plagado de contradicciones, pero abierto.

Una de las cosas que caracterizan a la burocracia sindical es su fuerte instinto de supervivencia, por eso, su participación en la jornada de ayer señala un síntoma al que hay que prestar atención.

Las luces de alerta que se encienden dentro de lo más rancio de la CGT indican que la vuelta a la calle responde a la presión de unas bases que los vienen desbordando desde diferentes rincones del movimiento obrero. Y esto alcanza también a otros actores que desde posturas honestas, depositan excesiva expectativa en la dinámica que ofrece el parlamentarismo liberal burgués.

Lo de ayer vuelve a exhibir incógnitas y certezas. Deja claro que crece un fermento, que va más allá de las estructuras sindicales que convocaron por vocación y de aquellas que lo hicieron porque no les quedaba otra opción.

Esto habla de la existencia de un sujeto social complejo, que posee intereses contradictorios, pero que tiene un factor común: desde diciembre de 2015 es víctima primaria e inmediata de las políticas gubernamentales.

Esta característica es el pedestal desde el que se construyó la jornada y puede ser el sitio desde donde comenzar a transformar lo que -por ahora- se parece más a una manifestación de instinto gregario, en una construcción que sirva para pasar de la resistencia a la lucha por la ofensiva.

Y es en este punto donde es preciso recalcar que, además, la construcción hacia la que se debe avanzar tiene que interpelar y cuestionar la estructura y dinámicas de la burocracia sindical.

Esto es algo clave a tener en cuenta a la luz de una jornada que volvió a dejar, desde lo concreto y lo simbólico, una mirada interesante, de la articulación entre los universos del trabajo y la política.

Y esto es así porque vuelve a dejar la certeza de que la unidad en la acción es el camino elemental para articular la resistencia que -aunque le pese a la burocracia- las bases jamás resignaron. Pero, asimismo, que esto es indispensable si se quiere transformar esa resistencia en lucha y ofensiva.

Y dicho esto, en este juego de certezas e incógnitas, es donde vuelven a prevalecer las incógnitas.

Como cada una de las expresiones de lucha de estos años, la jornada de ayer no nació del espíritu de conciliación de clases que la burocracia posee en su ADN. Lejos de eso, fueron paridas por el acumulado de sectores de base sindicalizados y sociales que nunca dejaron de luchar.

De ahí que el proceso de maduración de condiciones para pasar a una ofensiva contra lo que sintetiza -al menos por ahora- el Gobierno Cambiemos, no debe agotarse en la perspectiva que plantea la necesaria construcción de un bloque que derrote electoralmente al que está instalado en La Rosada.

Porque la construcción de un centro que articule aquello que está disperso, en el que el universo sindical dialogue con el político desde una perspectiva de clase, es un objetivo urgente que trasciende esta coyuntura.

Es que sería excesivo el esfuerzo hecho en la tarea de lograr el acumulado de resistencia a todo lo que significa el Gobierno Cambiemos, si sólo persiguiera la consolidación de una estructura sindical-burocrática pero “buena”, capaz de aportar pax a un bloque de alternancia al que ahora representa Cambiemos.

Y es aquí donde vuelve a cobrar relevancia aquello del diálogo entre lo sindical y lo político, pero también -y sobre todo- desde qué mirada se propone ese diálogo.

Está claro que -en el mejor de los casos- la construcción de un bloque que corra de La Rosada al Gobierno Cambiemos es un objetivo primario para este 2019.

También es cierto que, dentro del sistema de representación política que habilita el Estado Liberal Burgués, no queda demasiado margen para que ese bloque no sea mucho más que una alternancia.

Pero asimismo, este esquema de alternancia deja resquicios para avanzar más allá del corsé que, al momento, se le intenta poner desde miradas como la que postuló Rodríguez.

Es en este camino que -también ayer- Víctor Kot, entregó las bases programáticas del Partido Comunista a José Luis Gioja, en un encuentro en el que el titular del PJ invitó al Partido a sumarse al “Frente Patriótico”.

La posición es clara y habla de la necesidad de dar batalla en todos los frentes, en el electoral desde la necesidad urgente de frenar a un gobierno que exhibe la cara más criminógena del capitalismo. Pero sin resignar nuestro programa y actitud militante, en la calle, como siempre con las banderas de la clase, las del Sindicalismo de Liberación de Agustín Tosco, a medio siglo del Cordobazo.

 

 

¿Se viene el paro general?

La lucha continúa

 

Una multitud participó en la jornada de movilización para repudiar las políticas de ajuste, de hambre, represión y desempleo que viene llevando a cabo el Gobierno Cambiemos en sus tres años y medio de gestión.

En este contexto, el secretario general de la CTA de los Trabajadores, Hugo Yasky, aseguró que la marcha convocada debe ser la antesala de un paro nacional, que es preciso ante la necesidad de que todo el pueblo argentino vea confluir sus demandas en una sola.

En este sentido, se conocieron datos escalofriantes que confirman las peores predicciones respecto del crecimiento de la desocupación que -según el Indec- aumentó en el 2018 a un 9,1 por ciento, lo que hace aun más urgente la necesidad de un paro general.

También se viene atestiguando una caída en picada de la actividad económica, del derrumbe de la capacidad instalada, cierres de fábricas, recesión profunda y una inflación que potencia la devaluación.

Al respecto, un dato no menor es que señala que la deuda pública representa casi un PBI entero, 95,4 por ciento.

Mario Micheli, secretario adjunto de la CTA Cañuelas-Lobos, lamentó que no se haya podido consensuar un paro general, algo que atribuyó a “la dispersión que hay en el campo popular”.

Y, en esta dirección, fue claro al señalar que “es absolutamente necesario, un paro general” ya que, recordó, “venimos de lo que fue el 21F en 2018 y de ahí no hubo más punto de encuentro entre las centrales sindicales con la potencia que nos generaría hoy un paro”.

Por lo que fue contundente cuando hizo hincapié en que “hay que generar una gran marcha para exigirle a la CGT un paro general en conjunto, contra  las políticas del gobierno”.

En este línea, analizó que “la CGT va a ser superada por las mimas bases, pero hay que llamar a todo el campo popular porque no es un problema de ellos en particular”.

Tras lo que destacó que, “desde la CTA, tenemos que impulsar todas las acciones necesarias para un paro y si no acompaña la CGT, habrá que hacerlo como en otro momento, como una sola CTA poniéndose a la vanguardia de la pelea”.

Y, para finalizar no dudó cuando dijo que, la convocatoria a un paro general y a un plan de lucha “es un reclamo que hacemos a nuestra propia central, no esperar a que lo dictamine la CGT”.