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28.11.2007, El Imperialismo y sus Soportes Filosoficos
[Sp.]
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From: Popular Socialist Party of Mexico, Wednesday,
November 28, 2007
http://www.ppsdemexico.org , mailto:ppsm@ppsdemexico.org
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El Imperialismo y sus Soportes Filosoficos

Art�culo de Humberto Pliego Arenas
Miembro del Comit� Central del Partido Popular Socialista
de M�xico.

Introducci�n

Desde que surge el imperialismo como fase superior del
capitalismo, a fines del siglo XIX y principios del XX y
que tiene como importantes etapas de su desarrollo la
Primera Guerra Mundial de 1914-1918, la Crisis Econ�mica
Mundial de 1929-1933, la Segunda Guerra Mundial de
1939-1945, el per�odo postb�lico, que se caracteriza por la
militarizaci�n de la econom�a de los pa�ses de gran
desarrollo capitalista, por la carrera de los armamentos y
la "guerra fr�a" contra el socialismo, el apoyo ideol�gico
al dominio de los monopolios, la justificaci�n de la
explotaci�n, denigrar la propiedad social y la defensa y
aplicaci�n de diversas formas de colonialismo (1950-1986) y
la presente etapa que penetra en los umbrales del siglo
XXI, de capitalismo imperialista "globalizador" que
pretende, entre otros objetivos aplicar nuevos m�todos de
explotaci�n y dominio de los pueblos rezagados en su
desarrollo y encubrir la ya larga crisis del sistema
capitalista.

Simult�neamente se manifiesta tambi�n, casi en ese mismo
ritmo, el resurgimiento de las ideas filos�ficas
reaccionarias, enmascaradas a menudo con refinada destreza
y contra las que en el pasado, combati� la filosof�a
progresista burguesa. Por ejemplo, la restauraci�n de la
doctrina escol�stica de Tom�s de Aquino, la reanimaci�n del
irracionalismo de Schelling, de Schopenhavuer, de Nietzche,
de Kierkegaard, etc�tera. Esas y otras doctrinas de la
filosof�a idealista m�s reaccionaria se renuevan con el fin
de fortalecer y orientar una permanente cruzada de
anticomunismo como principal instrumento ideol�gico y
pol�tico de imperialismo con el objeto de combatir al
socialismo y al materialismo dial�ctico e hist�rico como
filosof�a y concepci�n del mundo de la clase obrera.

Los ide�logos del capitalismo, desde fines del siglo XIX
han modernizado diversas concepciones filos�ficas
fracasadas hace tiempo y se valen de ellas para respaldar
te�ricamente la refinada o grosera y vulgar apolog�a del
capitalismo, servirle de soporte y justificarlo en su etapa
y nivel imperialista "globalizador".

Para hacerse una idea y orientarse en la inmensa
multiplicidad de corrientes, tendencias y escuelas grandes
y peque�as, mencionaremos entre otras: el existencialismo,
la fenomenolog�a, la filosof�a de la vida, la antropolog�a
filos�fica, el espiritualismo cristiano, el intuicionismo,
etc�tera. Todas ellas expresan en mayor o menor medida los
mismos rasgos distintivos del idealismo filos�fico -el
irracionalismo, el fide�smo, el empirismo, el agnosticismo,
etc.

El existencialismo, por ejemplo, afirma que lo principal en
la existencia del hombre es el eterno enfrentamiento con la
muerte. De ah� el tono pesimista de esta corriente, la gran
trascendencia que concede al tema de la muerte, de la
angustia, de la desesperaci�n y del temor que preside las
ideas de los existencialistas. Tambi�n el existencialismo
act�a como adversario decidido del pensamiento cient�fico y
por ello afirma que el conocimiento cient�fico no puede
trazar los fines de la vida ya que la ciencia es incapaz de
explicar su propio sentido.

El existencialismo es una doctrina destinada esencialmente
a desmoralizar la conciencia social, a combatir a las
organizaciones revolucionarias del proletariado, se recubre
con la mascara de "filosof�a de la libertad", se alza
contra el materialismo dial�ctico e hist�rico, contra la
concepci�n cient�fica del mundo, oponen la "existencia" a
la "esencia" separ�ndolas metaf�sicamente. Proclamando la
primac�a de la "existencia", esta teor�a est� dirigida
contra la doctrina materialista que considera a la materia
como el dato primario.

La antropolog�a filos�fica considera al hombre como un ser
sobre todo biol�gico, al margen de las relaciones sociales
hist�ricamente concretas.

Contrapone lo humano individual a lo social, da un valor
absoluto a la caracter�stica antropol�gica de la
personalidad, como lo m�s esencial de ella. "Solamente
tomando como punto de arranque el cuadro esencial del
hombre -afirma-, y saliendo al encuentro de los actos del
esp�ritu procedentes del centro del hombre, es posible
llegar a una conclusi�n sobre los atributos genuinos del
fundamento �ltimo de todas las cosas".

El espiritualismo cristiano explica de manera irracional la
creencia religiosa, esforz�ndose por demostrar que la
ciencia, en virtud de su propia naturaleza, "limitada" por
el enfoque racional de las cosas, es incapaz de conmover
los cimientos de la religi�n.

Pese a la abundancia de escuelas, corrientes y tendencias
de mayor o menor cuant�a en lo esencial y b�sico -la
pr�dica del idealismo y la lucha contra el materialismo
dial�ctico e hist�rico- se muestran solidarias, pese a las
controversias que a veces sostienen entre ellas por
diferencias inexistentes y de ideas secundarias.

Sin embargo las variedades principales de la filosof�a
idealista que expresan con mayor plenitud los rasgos
esenciales de la filosof�a de los pa�ses capitalistas en
las diversas etapas del imperialismo, que act�an como sus
soportes por ser las m�s influyentes dentro de la filosof�a
burguesa, desde hace muchas d�cadas son: el Positivismo
(neopositivismo), en Neotomismo y el Pragmatismo, donde las
m�s diversas corrientes filos�ficas idealistas han
encontrado su expresi�n m�s acabada.

El positivismo y el neopositivismo

El Positivismo es una de las corrientes idealistas m�s
difundidas en la Filosof�a. El Positivismo considera haber
terminado con la Filosof�a y afirma apoyarse no en
"especulaciones abstractas", sino exclusivamente en hechos
"positivos". Pretende elevarse por encima del materialismo
y del idealismo, y no ser ni lo uno ni lo otro. En
realidad, el Positivismo es una variedad del idealismo
subjetivo. La "negaci�n" de la Filosof�a, constituye un
subterfugio de los fil�sofos al servicio de la burgues�a y
del capitalismo para introducir el idealismo en las
ciencias naturales. Afirmando que los sabios pueden y deben
desentenderse de la Filosof�a, que lo esencial son los
"hechos" y se esfuerzan por dar a los "hechos" una
interpretaci�n idealista. "Negar" la Filosof�a se reduce a
luchar contra la filosof�a cient�fica del materialismo y
defender el idealismo. El rasgo caracter�stico del
Positivismo, es la concepci�n idealista de la experiencia y
de la ciencia, consideradas como un conjunto de
sensaciones, de representaciones, de afecciones subjetivas,
la negaci�n de las leyes objetivas de la naturaleza y de la
sociedad. El papel de la ciencia consistir�a -en describir-
y no explicar los hechos y fen�menos considerados como
ciertos estados de la conciencia.

Por su naturaleza de clase el Positivismo representa una
amalgama de "argumentos" y de consideraciones de toda
especie a favor del capitalismo. Tiene como finalidad
principal la lucha contra el materialismo dial�ctico e
hist�rico, la justificaci�n de la pol�tica agresiva del
capital financiero y por tanto del imperialismo
globalizador de nuestro tiempo.

Heredero del Positivismo del siglo XIX y comienzos del XX,
el de A. Comte, H. Spencer, Mach y Avenarius es el
Neopositivismo, que constituye un sistema de criterios
subjetivos, idealistas y agn�sticos, que repite y ampl�a
las err�neas concepciones del Positivismo original y, en
especial las del empiriocriticismo de Avenarius y de Mach.
El neopositivismo acept� la renuencia de A. Comte al
resolver el problema fundamental de la Filosof�a -la
relaci�n entre la materia y la conciencia, entre el ser y
el pensamiento- y resucit� las pretensiones de Mach de
elevarse "por encima" de la lucha de los dos campos
filos�ficos principales, materialismo e idealismo, as�, los
fen�menos no son ni materiales ni ideales, sino
"neutrales".

En esta doctrina se llev� hasta el m�ximo la negaci�n de
los problemas filos�ficos hist�ricamente planteados,
negaci�n sostenida bajo la falaz consigna de la "defensa de
la ciencia", aunque en realidad representaba una
interpretaci�n idealista, subjetiva y agn�stica del
contenido y de la metodolog�a de las ciencias naturales. Su
nacimiento y desarrollo guarda �ntima relaci�n con la lucha
de la filosof�a burguesa contra el materialismo dial�ctico
e hist�rico.

El Neopositivismo o "tercer" positivismo, conocido tambi�n
con los nombres de: "atomismo l�gico", "positivismo
l�gico", "empirismo l�gico", "an�lisis l�gico", "filosof�a
de la ciencia", etc�tera, apareci� desde sus comienzos como
una corriente filos�fica internacional. Contribuyeron
notablemente a su nacimiento el l�gico, matem�tico y
fil�sofo ingl�s Bertrand Russel y el fil�sofo austriaco,
Ludwig Wittgenstein. El Neopositivismo vio la luz en el
llamado C�rculo de Viena, formado a principios de la d�cada
de los veinte del siglo pasado, bajo la direcci�n de Moritz
Schlick, contando entre sus miembros a R. Carnap. Junto al
C�rculo de Viena y a la Sociedad de Filosof�a Emp�rica de
Berl�n (Hans Reichenbah), apareci� en los a�os 30 el grupo
de "anal�ticos" en Inglaterra con A. Ayer y G. Ryle entre
otros.

La doctrina del Neopositivismo naci� y fue expuesta con el
m�ximo detalle por el C�rculo de Viena. Entre sus
principios se encuentran la concepci�n de los "hechos
neutrales" y el programa de eliminaci�n de la "metaf�sica",
es decir de la Filosof�a, del dominio de la ciencia.

As�, los hechos no son objetivos ni subjetivos, sino
"neutros" y se entiende por "hechos" los estados o las
situaciones relativamente estables en la esfera de las
sensaciones, de los conceptos, de los pensamientos del
sujeto, enfocados totalmente al margen del mundo exterior,
de la realidad objetiva. Por consiguiente, nos encontramos
ante una interpretaci�n de los hechos rigurosamente
introspectiva, idealista, subjetiva. Entienden por hechos
las sensaciones, las vivencias, en suma los estados de
conciencia.

Por supuesto, el materialismo dial�ctico no niega la
existencia de hechos del pensamiento de car�cter ideal ni
la de estados emocionales. Pero los hechos primarios,
iniciales, son materiales. Sus reflejos en la conciencia
del hombre constituyen hechos ideales. Por tanto, los
hechos ideales son derivados. Adem�s, pese a lo que digan
los neopositivistas, no existen hechos "intermedios" entre
los materiales y los ideales, es decir, hechos "neutros".

Los positivistas iniciales consideraban que la debilidad y
las limitaciones de la mente humana hac�an insolubles los
problemas filos�ficos b�sicos. Los machistas entend�an que
la cuesti�n cardinal de la filosof�a (la correlaci�n entre
el ser y la conciencia) quedaba superada y resuelta con la
doctrina de los hechos o elementos "neutrales". Los
neopositivistas procedieron de modo mucho m�s radical. El
problema cardinal de la Filosof�a y por lo dem�s, todos los
problemas considerados hasta entonces filos�ficos, eran
problemas ficticios o pseudoproblemas. No hab�a necesidad
de resolverlos. Deb�an ser desechados como carentes de
sentido cient�fico.

En su evoluci�n de casi medio siglo el Neopositivismo
atraves� varias fases, entre otras, podemos citar las dos
principales: la fase l�gica (d�cadas del veinte al cuarenta
del siglo XX) y la fase propiamente ling��stica (d�cadas
del 40 al sesenta o setenta del propio siglo XX), que
exteriormente se diferencian seg�n el an�lisis
(l�gico-formal o ling��stico) que se sugiere como m�todo de
la filosof�a. El Neopositivismo de estos dos per�odos se
llama respectivamente l�gico y ling��stico.

La fuente principal del Neopositivismo es la filosof�a de
Mach, y algunas ideas extra�das del pragmatismo. En s� la
doctrina de Mach se "distingu�a por su tergiversaci�n de
las funciones cognoscitivas de los conceptos cient�ficos y
de los medios empleados como signos".

As�, el Neopositivismo se form� sobre la base de una
soluci�n adulterada de los problemas de la L�gica y de las
Matem�ticas, de la F�sica y la Ling��stica y de la
Sociolog�a. Los exponentes de esta nueva tendencia
intentaron eliminar la subvaloraci�n del grado l�gico del
proceso cognoscitivo caracter�stica del machismo y utilizar
los resultados obtenidos por la l�gica matem�tica -que fue
definida como una ciencia que se ocupa de las relaciones
"neutras", o sea, no materiales ni ideales- y delimitar una
nueva comprensi�n del conocimiento cient�fico como
construcci�n l�gica sobre la base de los contenidos
sensoriales. Los neopositivistas emprendieron con m�s
decisi�n aun que Mach y Avenarius la tarea de expulsar la
"metaf�sica" o sea la Filosof�a del dominio de la ciencia,
declarando que la Filosof�a tiene derecho a existir no como
"pensamiento acerca del mundo", sino s�lo como "an�lisis
l�gico del lenguaje".

Los neopositivistas empezaron a sostener reiteradamente
haber realizado una "revoluci�n" en la cultura espiritual,
asegurando que se hab�a puesto de relieve definitivamente
la esterilidad de toda la filosof�a anterior y uno de sus
voceros dec�a: "En lo tocante a la esencia del Universo, a
la realidad, a la naturaleza, a la historia, etc�tera, no
presentamos ninguna respuesta nueva, pero rechazamos los
propios problemas por ser ficticios". Al negarse a resolver
estos problemas te�ricos, los fil�sofos deb�an ocuparse en
lo sucesivo, no al estudio de la realidad objetiva (como
exig�an los materialistas), ni tampoco pasar revista a las
sensaciones propias, como suger�an los empiriocriticistas,
sino �nicamente del an�lisis l�gico del lenguaje de la
ciencia.

Mientras Berkeley, Hume, Mach y Avenarius encuadraban la
Filosof�a en los estrechos l�mites de las vivencias
sensoriales y emocionales. Schlich y Carnap, Wittgenstein y
Ayer restring�an la Filosof�a a un terreno a�n m�s
reducido, circunscribiendo el objeto de sus investigaciones
al an�lisis l�gico-sint�ctico del lenguaje y sosteniendo
que los problemas filos�ficos no son m�s que problemas
ling��sticos. Como todo posible saber se expresa en
cl�usulas o combinaciones de palabras, filosofar equivale a
puntualizar las reglas de ordenaci�n de los vocablos en las
oraciones, a analizar las normas l�gicas para deducir unas
de otras. 

Los neopositivistas l�gicos entend�an por "lenguajes de la
ciencia", un conjunto rigurosamente ordenado de
procedimientos terminol�gicos y simb�licos de una rama
determinada de la ciencia y las relaciones l�gicas entre
ellos.

El Neopositivismo alcanz� r�pida difusi�n en las esferas de
la intelectualidad burguesa, y muy en especial, entre los
cient�ficos. No es fortuito que el escepticismo y
agnosticismo, de que est� impregnada la concepci�n
neopositivista, haya encontrado tanto eco en el ambiente
burgu�s, impulsando la desconfianza en la capacidad del
hombre para averiguar la esencia de los fen�menos y llegar
a conocer las leyes objetivas del mundo. Los resultados de
la actividad te�rica de los neopositivistas y las formas en
que �sta se realiz� adquirieron la apariencia de una
existencia enajenada: los signos con ayuda de los cuales se
verifica el pensamiento te�rico, comenzaron a ser
presentados como una realidad independiente, y punto menos
que �nica, que oculta el mundo aut�ntico y objetivo a cuyo
reflejo deb�an contribuir aquellos signos.

Sin duda, el an�lisis l�gico del lenguaje, especialmente
del cient�fico, no s�lo es leg�timo, sino imprescindible.
Pero �sta es s�lo una de las tareas de la Filosof�a,
subordinada a otras m�s esenciales, de car�cter de
concepci�n del mundo. La Filosof�a No es s�lo ni tanto
l�gica de la ciencia, es, ante todo, doctrina acerca del
mundo desde el �ngulo del problema de la correlaci�n entre
materia y conciencia.

Si bien se apoya en los datos de las ciencias concretas, el
conocimiento filos�fico del mundo ofrece algo nuevo en
comparaci�n con ellas. La Filosof�a cient�fica del
materialismo dial�ctico e hist�rico, estudia las leyes m�s
generales del movimiento y desarrollo de todo el mundo
material y espiritual, cosa de la que ninguna otra ciencia
se ocupa. Como a lo largo de toda su historia, la Filosof�a
actual incluye el problema del hombre, los problemas �ticos
y est�ticos. Al identificar toda la filosof�a con el
an�lisis l�gico del lenguaje, los neopositivistas intentan
excluir de la esfera de la Filosof�a casi toda la
problem�tica filos�fica e, impl�citamente suprimir la
Filosof�a como tal. Los neopositivistas l�gicos desplegaron
su campa�a contra la Filosof�a como ciencia te�rica con el
objetivo esencial de destruirla como concepci�n del mundo.

El vac�o y la esterilidad del formalismo al que los
neopositivistas redujeron el an�lisis l�gico del lenguaje
y, con ello a toda la Filosof�a, eran tan patentes desde
mediados de los a�os 30 del siglo XX, que llevaron a los
positivistas l�gicos a revisar su doctrina. Si antes hab�an
desde�ado el contenido del lenguaje de la ciencia y se
ocupaban exclusivamente de las reglas sint�cticas formales,
a partir de finales de la d�cada de los 30 los positivistas
l�gicos dedicaron creciente atenci�n a los problemas
sem�nticos, es decir, a los problemas de la significaci�n
de las palabras y las oraciones. Comenzaron a acotarse tres
�reas en el an�lisis del lenguaje y de los sistemas de
signos en general: la relaci�n del lenguaje con el que lo
emplea -pragm�tica; la relaci�n del lenguaje con lo que
�ste designa- sem�ntica; la relaci�n entre las diferentes
oraciones ling��sticas-sintaxis. La doctrina integrada por
estas tres partes se denomin� semi�tica.

Con su paso al an�lisis del significado de las palabras y
los signos, los neopositivistas incluyeron en la esfera de
sus nuevas investigaciones una serie de problemas l�gicos,
ling��sticos y psicol�gicos de gran alcance cient�fico y
pr�ctico, por ejemplo, en el dise�o de computadoras. En el
terreno com�n de la problem�tica sem�ntica se instalaron
diversas corrientes y escuelas que enfocaron desde
distintos �ngulos el an�lisis del lenguaje como portador de
significaci�n y como forma de comunicaci�n. Un grupo se
sumergi� en la investigaci�n de las expresiones simb�licas
relacionadas con los problemas de la l�gica matem�tica.
Otros se dedicaron a los problemas sem�nticos en el terreno
de la ling��stica y los representantes de una corriente muy
heterog�nea, la llamada sem�ntica general, intentaron
utilizar el an�lisis sem�ntico del lenguaje para "mejorar"
las relaciones sociales, para "resolver" las
contradicciones sociales.

Todos los exponentes de estas corrientes afirman que sus
doctrinas se hallan desprovistas de premisas filos�ficas y
que se sit�an por encima de la contienda de los partidos
filos�ficos.

Los neopositivistas sostienen que todo lo que sabemos del
mundo es obra de las ciencias emp�ricas concretas. La
Filosof�a, en cambio, no puede decir del mundo ni una
palabra m�s de lo que dicen de �l las ciencias
particulares, no puede ofrecernos ninguna representaci�n
panor�mica del Cosmos. Su tarea consiste en efectuar un
an�lisis l�gico y esclarecedor de los postulados de la
ciencia y del sentido com�n con los que puede expresarse
nuestro conocimiento del mundo.

Los fil�sofos al servicio de la burgues�a, entre otros, los
neopositivistas de nuestros d�as se dedican a escribir
libros sobre las diferencias y contradicciones entre
diversos pa�ses del mundo, sobre la esencia de la
democracia, sobre las perspectivas del progreso
cient�fico-t�cnico, sobre las armas de destrucci�n masiva,
sobre la crisis ecol�gica, sobre el porvenir de la
humanidad, etc�tera. Y es de notar que de ordinario,
directa o indirectamente, voluntaria o involuntariamente,
defienden y justifican los intereses de la burgues�a
internacional, operan bajo el estandarte de la lucha contra
el materialismo dial�ctico e hist�rico y suministran a la
ideolog�a y a la pol�tica imperialista de nuestra �poca
argumentos filos�ficos sof�sticos, haciendo tambi�n la
apolog�a permanente del r�gimen capitalista de imperialismo
globalizador que persiste en profundizar en el mundo la
explotaci�n, la opresi�n y la enajenaci�n.

El neotomismo

En una �poca de inmensos avances en las ciencias naturales
y en los procesos sociales, la reacci�n en el campo de las
ideas utiliza con bastante m�s energ�a un medio antiguo y
secularmente comprobado de influjo espiritual sobre
extensos sectores humanos: la religi�n y la ideolog�a
religiosa.

Los ide�logos de la clase dominante empe�an esfuerzos
ingentes en reanimar y apuntalar la fe irracional, en poner
muros ante la ciencia y "hacerla inofensiva". En las
�ltimas nueve d�cadas se asiste a una reactivaci�n de las
corrientes filos�ficas que se proponen sin circunloquios
vigorizar la religi�n, y que no s�lo llegan a conclusiones
religiosas, sin oque incluyen los postulados de la fe en el
propio contenido de la Filosof�a.

Entre todos los tipos de filosof�a religiosa, la m�s
influyente es la filosof�a cat�lica del Neotomismo, es
decir, la doctrina de Tom�s de Aquino, el sistematizador
m�s prominente de la escol�stica medieval, renovada y
adecuada a nuestros tiempos.

Como indica su propio nombre, el Neotomismo representa una
resurrecci�n de la doctrina teol�gica de Tom�s de Aquino,
que a su vez, constitu�a una reelaboraci�n escol�stica de
la de Arist�teles. De ah� que el Neotomismo se titule a
veces filosof�a tomista-aristot�lica.

Al Papa Le�n XIII, pertenece el dudoso honor de haber
resucitado la retr�grada doctrina de Tom�s de Aquino,
declar�ndolo por derecho especial te�logo supremo de la
Iglesia moderna. En su enc�clica Aeterni Patris de 1879,
Le�n XIII hizo un llamado a todos los obispos cat�licos
para resucitar esta doctrina y se le asignaba al tomismo la
misi�n de salvar la "sociedad civil" de los socialistas y
comunistas, empe�ados en destruir el "fundamento" de la
vida social.

En 1891, fue fundada en Roma la "Academia Santo Tom�s" la
orden de los jesuitas fue la principal organizadora de la
restauraci�n del tomismo. El centro acad�mico del
Neotomismo se encontraba en B�lgica, en la Universidad de
Lovaina.

Hasta fines del siglo XIX el Neotomismo no desempe�� ning�n
papel esencial en el arsenal ideol�gico de la sociedad
capitalista. S�lo en la �poca del imperialismo ya en auge,
y especialmente a partir de la Primera Guerra Mundial, se
inici� el denominado renacimiento tomistas. El ulterior
incremento de la influencia del Neotomismo est� muy
vinculado a las crisis del sistema capitalista, despu�s de
la Segunda Guerra Mundial y en especial al temor y
preocupaci�n que embargaba a la burgues�a el creciente
avance del socialismo en esos a�os.

En nuestros d�as, el Neotomismo se halla ampliamente
extendido en los pa�ses capitalistas como Francia, Italia,
B�lgica, Alemania, Espa�a; incluso en Estados Unidos, donde
el catolicismo no es la religi�n predominante, tambi�n se
difundi� ampliamente en casi toda Am�rica Latina.

Entre sus pensadores m�s destacados se encuentran Jacques
Maritain, Etienne Wilson, Gallus Manser, I. M. Bochenskmi,
I. De Vries, etc.

Puede parecer incre�ble que la doctrina de un escol�stico
del siglo XIII goce de autoridad y tenga partidarios en la
�poca de la energ�a at�mica, de la cibern�tica, de los
vuelos espaciales y en general en la era de la Revoluci�n
Cient�fico-T�cnica (RCT) Eso se explica porque la doctrina
y las actividades de los neotomistas est�n muy
diversificadas. Si s�lo se dedicaran a la reproducci�n de
las proposiciones de la Summa theologiae de Tom�s de
Aquino, su influencia no trascender�a el reducido mundo del
clero cat�lico, pero los neotomistas dedican gran atenci�n
a la propaganda y aceleraci�n de las prescripciones de la
autoridad eclesi�stica del Vaticano, y sigue atentamente el
desarrollo de la vida cient�fica y social y toma posici�n
ante ella. Los neotomistas consideran como una de sus
principales tareas la interpretaci�n idealista de los
descubrimientos y las teor�as de la ciencia contempor�nea.
Los fil�sofos neotomistas, y los cient�ficos influidos por
ellos, han escrito decenas de libros, folletos y art�culos
que falsean sistem�ticamente la teor�a de la relatividad,
la mec�nica cu�ntica, la astronom�a moderna, la
astrof�sica, la biolog�a, la antropolog�a, etc.

Una faceta muy importante de su actividad es que esa
doctrina se transform� en uno de los principales
instrumentos ideol�gicos de la filosof�a reaccionaria en su
lucha contra el materialismo dial�ctico e hist�rico.

Los neotomistas declaran que la premisa de toda filosof�a
es instaurar "una clara distinci�n entre fe y conocimiento,
entre la ciencia y la religi�n" y establecer la "armon�a"
entre tales conceptos. Afirman que fe y saber no se
excluyen, sino que se complementan como dos fuentes de la
verdad que "dios" nos ha dado. Para ellos, la fuente de las
verdades de la fe es la Revelaci�n, que se expresa, por
ejemplo en las Sagradas Escrituras. El contenido de estas
"verdades" es sobrenatural y concierne enteramente a la
esfera de la teolog�a. Para que el hombre pueda aceptar
todo el contenido de las Sagradas Escrituras debe estar
convencido de que la Revelaci�n fue un hecho real y, ante
todo, de que "dios" existe. Los neotomistas insisten en que
admitir la existencia de "dios" no es s�lo cuesti�n de fe,
sino tambi�n de saber. Probar la existencia de "dios" es el
cometido de la Filosof�a, cometido que ha de cumplirse por
medios rigurosamente l�gicos. 

De esta suerte, las verdades demostrables por v�a l�gica
forman la "antesala de la fe", su pedestal. Las verdades de
la fe -dicen- no ofenden a la raz�n: son suprarracionales;
por cuanto dimanan directamente de "dios" se hallan por
encima de las verdades de la raz�n.

Cae por su peso que las proposiciones neotomistas sobre la
"armon�a" entre fe y raz�n, entre ciencia y religi�n,
contradicen los hechos y la l�gica. La existencia de
"dios", como los dem�s dogmas religiosos, no es para los
tomistas materia de investigaci�n cient�fica, no es
resultado y conclusi�n de un an�lisis racional, sino
postulado (proposici�n admitida sin pruebas), premisa de
todos los razonamientos, a la que por todos los medios
procuran echar cimientos l�gicos. Los neotomistas no
admiten m�s que aquella ciencia y aquella filosof�a que no
atacan los dogmas de la Iglesia. Y, viceversa rechazan y
motejan de "rebeli�n contra la raz�n" toda teor�a que
contradiga la doctrina de la Iglesia o conlleve deducciones
para ella indeseables.

La diferencia entre el Neotomismo y otras teor�as
idealistas estriba en que nace directamente de la religi�n,
en que tiene la fe cristiana por metafilosof�a y en que
pretende ser proclamada, de manera general, como filosof�a
de la religi�n, como filosof�a del catolicismo. El
Neotomismo se interesa por la Ontolog�a, por la Gnoseolog�a
y por los problemas de las Ciencias Naturales y de la
Historia tan s�lo desde el punto de vista de la posibilidad
de interpretar los dogmas religiosos, y de "justificar
te�ricamente" la pol�tica imperialista.

El desarrollo de la ciencia y de la filosof�a materialista
mostr� hace ya mucho tiempo la endeblez de las ideas sobre
fuerzas o esencias sobrenaturales y sobre una supuesta
"intervenci�n divina" en la naturaleza y la historia. La fe
en tales fuerzas carece de todo fundamento racional y
l�gico; es completamente irracional. Obligando a la raz�n a
que suministre "pruebas" de los dogmas eclesi�sticos, los
tomistas convierten la Ciencia y la Filosof�a, de
investigaci�n objetiva, en apolog�a preconcebida. Lo mismo
que Tom�s de Aquino, consideran que la Filosof�a debe estar
subordinada a la teolog�a, por su "sierva". 

Los neotomistas actuales, naturalmente, admiten todas las
"pruebas" de la existencia de "dios" propuestas por Tom�s
de Aquino, pero al mismo tiempo tienen conciencia de su
car�cter arcaico, artificioso. Por ello buscan nuevos
"testimonios" de la presencia de "dios" en el mundo y
utilizan con ese fin la menor duda de los cient�ficos en la
concepci�n materialista, en las dificultades que
experimenta la ciencia, en sus problemas pendientes. Los
neotomistas querr�an que todos los problemas que la ciencia
no ha podido resolver a�n definitivamente se consideraran
como confirmaci�n de la existencia de "dios" y se
resolvieran remiti�ndose al acto de la "Creaci�n".

Los neotomistas sostienen que "dios" no s�lo cre� el mundo,
sino que est� siempre presente en �l y que nada ocurre sin
su participaci�n (te�smo) En este postulado de la presencia
permanente de "dios" en el mundo se erige toda la
"metaf�sica" de los neotomistas, su doctrina del ser y su
conocimiento. Los neotomistas promueven a primer plano los
problemas ontol�gicos y consideran como su m�xima tarea el
estudio de la metaf�sica (en el viejo sentido de la
palabra) como ciencia del ser en general.

Para los neotomistas, la doctrina de Tom�s Aquino es la
"filosof�a eterna", por cuanto a su entender, dijo la
soluci�n verdadera y definitiva de los grandes problemas
filos�ficos sobre la naturaleza, de la carencia de esencia
del ser finito y del "supremo", del "ser puro infinito" (o
sea, "dios" como la "Existencia y forma suprema", sobre lo
general y lo particular, sobre el movimiento y el reposo,
sobre el "conocimiento" de "dios", etc�tera. As� es como
los neotomistas introducen en la Filosof�a el m�todo del
dogmatismo religioso y tratan de cortar todos los intentos
de avance de la Ciencia y la Filosof�a.

Al igual que otras tendencias de la filosof�a burguesa
contempor�nea, el Neotomismo pretende superar los
"extremismos" del materialismo y del idealismo y crear una
"Tercera orientaci�n" filos�fica, que toma los nombres de
realismo, realismo creador, realismo cr�tico. Poca
perspicacia se necesita para descubrir bajo el camuflaje de
este "Tercer camino" la figura del capitalismo, s�lo que
maquillado y embellecido con la fraseolog�a cristiana del
amor al pr�jimo.

Sin embargo, caracter�stico de los neotomistas es el
dualismo (lo material y lo espiritual), quedando siempre lo
material subordinado a lo espiritual. El procedimiento
b�sico de los neotomistas consiste en atribuir los aspectos
diversos y contradictorios de un mundo material objetivo
�nico a mundos distintos para, a la postre, acabar
explic�ndolo por la intervenci�n de "dios". As�, los
atributos de eternidad e infinitud los asignan a "dios"
(esp�ritu, alma); la finitud y temporalidad, al mundo
objetivo.

La ciencia y la filosof�a materialistas, hace mucho tiempo
que superaron la dificultad con que los neotomistas
especulan. El propio mundo material es eterno e infinito, y
su eternidad e infinitud se forman de una innumerable
multiplicidad de cosas y fen�menos finitos, transitorios.
Tal es la dial�ctica objetiva de la realidad.

Las concepciones sociopol�ticas de los neotomistas, a cuya
propaganda dedican gran atenci�n, son tan enga�osas como su
"metaf�sica". Los neotomistas hablan mucho de su fidelidad
a los valores �ticos y de la inmutabilidad de las leyes
morales, present�ndose como fieles abogados de los soportes
morales de la sociedad. De este modo atraen a muchas
personas que no desean sumergirse en el pantano del
amoralismo.

Los neotomistas consideran moral y justo el deseo de
felicidad, pero procuran demostrar que no hay que buscar la
felicidad en las condiciones externas de la vida, sino en
la actitud interna que el hombre adopte frente a su
conducta y en su "comunicaci�n" con "dios". "El hombre
inmortal... siente un �mpetu irrefrenable hacia la
felicidad -han escrito neotomistas espa�oles- m�s no hay
bienes terrenos, ni materiales ni espirituales... que
puedan saciar esa sed inapagable. S�lo "dios" puede llenar
ese vaci� del esp�ritu humano". Esa moral significa, de
hecho, la aceptaci�n completa de la injusticia social y
est� exclusivamente al servicio de la clase dominante, se
convierte en nuestro tiempo en soporte y justificaci�n
te�rica del capitalismo, del imperialismo...

En una enc�clica publicada en 1891, Le�n XIII sosten�a "que
se debe soportar la condici�n propia de la humanidad.
Eliminar del mundo las disparidades sociales es cosa
imposible". La existencia de ricos y pobres dimana de la
"voluntad divina", idea emitida ya por Tom�s de Quino y que
la Iglesia cat�lica sigue defendiendo perseverantemente. El
sentido descaradamente apolog�tico y profundamente burgu�s
de la sociolog�a neotomista con su pr�dica falaz de la
solidaridad, de la cooperaci�n social, de la negaci�n de la
lucha de clases, no impide, por otra parte, a los
neotomistas jugar a veces a la oposici�n al capitalismo y
hasta pretender hacerse pasar por adversarios del r�gimen
capitalista.

El contraste entre la miseria y la opulencia, entre los
desheredados y los ricos, se proclama indispensable, pues
lo ha establecido "dios" para probar las virtudes del
hombre, es decir, quiz�s para que los pobres no envidien a
los ricos y para que �stos ayuden a sus "hermanos en
Cristo" menos pudientes. El Vaticano, ayer y hoy, ha
consolado a los pobres y desamparados dici�ndoles que el
dolor no faltar� nunca en la Tierra, porque �speras y
dif�ciles de tolerar son las consecuencias del pecado que,
se quiera o no acompa�an al hombre hasta la tumba. Por
ello, la Iglesia cat�lica afirma que la pobreza para
aquellos que la llevan con cordura, es un gran bien, un
tesoro que no puede serles arrebatado, haciendo as�, una
idealizaci�n, una apolog�a de la pobreza.

Los dirigentes cat�licos siguen considerando que la causa
fundamental de todas las contradicciones sociales, de todos
los males de la sociedad, tienen por motivo la decadencia
de la fe, el debilitamiento de la fe, que ha tolerado la
acentuaci�n de las proclividades ego�stas del hombre. Seg�n
ellos, la panacea de todos los males es el retorno a la fe
y al esp�ritu del cristianismo, la potenciaci�n del papel
de la Iglesia cat�lica en la vida econ�mica, pol�tica e
ideol�gica de la sociedad. Por ello, lo mismo opinan en
"conferencias de prensa" sobre los problemas
socio-econ�micos, sobre los derechos humanos, etc�tera,
beatifican y canonizan d�ndole "nueva vida" a los mitos.

La Iglesia cat�lica posee una experiencia secular en la
lucha contra el progreso social. Los neotomistas han
asimilado perfectamente tal experiencia y la aplican de la
manera m�s diestra y refinada. Cientos de fil�sofos
neotomistas, financiados por el Vaticano, por los gobiernos
de la burgues�a y por m�ltiples organizaciones
anticomunistas, mantienen una pugna desesperada por
defender el r�gimen capitalista. La burgues�a en general
sigue haciendo paneg�ricos del capitalismo imperialista, a
pesar que en sus tiempos juveniles, la burgues�a era
anticlerical, e incluso llegaba a elevarse hasta el ate�smo
en las personas de sus ide�logos de vanguardia. La
ideolog�a burguesa se forj� en la batalla contra el
Medievo, cuyo principal soporte ideol�gico era la religi�n.
Hoy en cambio los ide�logos y los pol�ticos burgueses
sue�an con resucitar la antigua influencia religiosa como
uno de los principales medios para apoyar y salvar al
capitalismo. Por eso, "la burgues�a imperialista apoya todo
lo retardatario, caduco y medieval", para perpetuar la
esclavitud asalariada e impedir la liberaci�n social de los
trabajadores. El fondo clasista de su filosof�a religiosa
tiene la expresi�n m�s relevante en la doctrina del
Neotomismo.

El pragmatismo

El Pragmatismo es la filosof�a distintiva del imperialismo,
la filosof�a del "gran garrote", de la completa
conveniencia, de la pr�ctica sin una teor�a, del movimiento
sin direcci�n, de la improvisaci�n, de la ganancia, y de lo
esencial en el credo del negocio norteamericano, "nada m�s
exitoso que el �xito".

Ha servido al desarrollo del imperialismo norteamericano y
a sus designios pasados y actuales de dominaci�n mundial.

Se ubica desde su origen en la vieja lucha contra el
materialismo de las ciencias particulares y especialmente
en oposici�n al materialismo dial�ctico e hist�rico y
expresa su poder destructivo en relaci�n con el
conocimiento y los valores.

El Pragmatismo afirma que la base fundamental de la ciencia
no es la correspondencia con el mundo material objetivo,
sino que est� dada solamente por sus efectos pr�cticos. Un
"hecho" no es verdadero o falso, sino que es �til o in�til
para la conducta de la vida humana.

La gu�a para la acci�n no es la teor�a sino la fe. La
funci�n del pensamiento no es la adquisici�n del
conocimiento, sino el "establecimiento de una opini�n", la
"fijaci�n de una creencia". La producci�n de creencias, es
la �nica funci�n del pensamiento.

En los hechos el Pragmatismo es la glorificaci�n y la
celebraci�n de la apolog�tica (parte de la Teolog�a que
tiene por objeto la justificaci�n del cristianismo) El
pueblo ser�a forzado a sustituir el conocimiento por la fe,
como una base para actuar. El Pragmatismo es realmente el
retorno a las formas antiguas de ignorancia, la restituci�n
de la superstici�n. 

Ya en 1908 Lenin reconoci� la naturaleza y las ra�ces del
Pragmatismo filos�fico a partir de la lectura del libro
Pragmatismo, de William James.

Como filosof�a es anticient�fica, reaccionaria y
oscurantista, antihumana. El pensamiento pragm�tico es el
m�todo de obtener resultados ventajosos sin tener en cuenta
los medios empleados. Si esto me da ventajas, si esto es
as�, se llama "verdad" y "bien", si no da ventajas es
"falso" y "malo".

Esto es en esencia, el principio b�sico del Pragmatismo, si
es posible hablar de principios en relaci�n con una
filosof�a que no los posee por completo.

Este principio pragm�tico se ha aplicado por el
imperialismo para usar la bomba at�mica contra Jap�n, que
estaba pr�cticamente vencido, en los episodios finales de
la Segunda Guerra Mundial y se ha puesto en pr�ctica en el
empleo de las m�s sofisticadas armas de destrucci�n
indiscriminada y "terrorista" contra los pueblos de Viet
Nam, primero, y m�s tarde de Irak, Yugoslavia, Afganist�n,
etc.

La filosof�a del Pragmatismo no ofrece otra cosa. Ese es el
tipo de pensamiento que da cuerpo y sost�n a la pol�tica
exterior criminal del imperialismo. Ella est� elaborada en
una infinita variedad de formas, pero siempre los rasgos
esenciales son los mismos. En muchos casos ellos est�n
camuflados pero luego, cuando las frases demag�gicas son
dejadas de lado, su esencia aparece expuesta en toda su
crudeza.

El Pragmatismo es una forma del idealismo filos�fico. M�s
espec�ficamente, es una forma del idealismo subjetivo que
se�ala que s�lo nuestra mente existe realmente, que el
mundo natural y social existe s�lo en nuestras sensaciones,
e ideas, deseos y emociones. Es una filosof�a idealista
subjetiva desarrollada dentro de las condiciones hist�ricas
concretas de los Estados Unidos entre los a�os 1860-1878,
"primera de las principales etapas en la historia de los
monopolios, su per�odo embrionario, escasamente percibido".

La filosof�a del Pragmatismo fue formulada principalmente
por tres fil�sofos norteamericanos: "Charles Peirce,
William James y John Dewey. Peirce fue su fundador, James
su difusor y Dewey su m�s alto y reconocido sacerdote".

El Pragmatismo no es de ninguna manera una filosof�a simple
y acad�mica inventada por profesores de la Universidad de
Columbia o Harvard. Es en primer lugar la visi�n del mundo
de la clase capitalista y s�lo secundariamente la
concepci�n de los ide�logos burgueses. Act�a sobre el punto
de vista general de clase y de vida de la sociedad de la
cual proviene originalmente. Pragmatismo es el nombre que
vino a significar la visi�n particular de la vida y el modo
de pensar creado por la clase capitalista en los Estados
Unidos, derivada de sus bases materiales y de las
relaciones sociales correspondientes.

El Pragmatismo filos�fico es tanto un m�todo como una
teor�a.

El m�todo pragm�tico es empirista, en oposici�n al m�todo
racional de pensamiento, de conocimiento y de la
realizaci�n de decisiones, se inclina ante la pr�ctica y
desprecia a la teor�a. El peso exclusivo de la experiencia
sensorial conduce a un �nfasis distorsionado de la pr�ctica
individual, como opuesto a la social. No hay nada err�neo
en s� mismo con la pr�ctica individual. Toda pr�ctica en
primer lugar, es la pr�ctica de los individuos. Pero al
mismo tiempo el aspecto individual de la pr�ctica
experiencial puede ser entendido s�lo cuando es vista en
relaci�n con lo social. Dar importancia a lo individual a
expensas de lo social es transformarlo en individualismo.
As�, el segundo rasgo del m�todo pragm�tico es el
individualismo.

Si el conocimiento es siempre experiencia, nunca teor�a, y
la experiencia es siempre individual, particular y �nica,
nunca social, general, se deduce que no puede haber nunca
planes y proyectos. Planear y proyectar requiere el
conocimiento te�rico basado en la experiencia social que
incluya las leyes generales necesarias para casos
similares. Es este tipo de conocimiento el que el
Pragmatismo condena. La oposici�n directa a los planes y
proyectos, implica caer en la espontaneidad y la
improvisaci�n. La espontaneidad como otro rasgo del
Pragmatismo, se refiere a algo que aparece r�pidamente de
cualquier lado, sin un trabajo y una preparaci�n previa y
sin ser esperado.

Los tres primeros rasgos del Pragmatismo son esencialmente
negativos; el empirismo, el individualismo y el
espontane�smo, no constituyen por s� mismos un m�todo que
pueda ser empleado para la acci�n. Sin embargo, dan la base
para el lado pr�ctico del m�todo pragm�tico, para la
sustituci�n pragm�tica del m�todo de la ciencia.

Si no hay una teor�a que gu�e la pr�ctica, como sostiene el
Pragmatismo, si no puede haber planes y proyectos basados
en el conocimiento cient�fico y la predicci�n, entonces
�c�mo puede funcionar el hombre? �C�mo puede pensar, juzgar
y actuar? Si no existe tal cosa como la verdad, �cu�l puede
ser el criterio para discriminar entre varias ideas,
juicios y acciones? Sobre la base de los tres primeros
rasgos, el m�todo pragm�tico responder�a que la gente
conf�e en su propia experiencia, enfrente cada problema
nuevo tal como se le presenta, e improvise soluciones de la
forma que pueda. As�, el Pragmatismo ofrece el oportunismo
de la conveniencia como la alternativa ante el m�todo
cient�fico. El oportunismo es la toma de ventajas, de
oportunidades o circunstancias con poco o ning�n cuidado
por los principios o consecuencias posteriores.

El cuarto y �ltimo rasgo del m�todo pragm�tico es el
oportunismo de la conveniencia; conveniencia porque el
Pragmatismo est� relacionado solamente con la adaptaci�n de
los medios a los fines; oportunismo porque invoca el uso de
cualquier medio que conduce hacia el �xito prometido.
Cualquier medio hacia el fin previsto es la esencia de
m�todo pragm�tico.

Tal m�todo est� eminentemente ligado a los requerimientos
ideol�gicos de una clase que en los hechos empela
cualquiera y todos los medios que puedan ser exitosos en el
mantenimiento y la extensi�n de la explotaci�n y la
opresi�n: romper huelgas, romper y dividir sindicatos,
persecuciones anticomunistas, violencia, corromper
dirigentes sindicales y pol�ticos, conspiraciones, esp�as,
terroristas y delatores ubicados dentro del movimiento
obrero; doctrinas de superioridad racial, discriminaci�n
social y nacional, agresiones, difamaciones, asesinatos,
genocidios, etc�tera. El oportunismo refleja agudamente el
car�cter de la muerte de la desesperada clase capitalista.

Pero el Pragmatismo no es solamente un m�todo. Es asimismo
una interpretaci�n, una concepci�n, una teor�a sobre el
mundo. La teor�a del Pragmatismo es idealista subjetiva y
oscurantista de tipo positivista.

La actividad mental, de acuerdo con el Positivismo
pragm�tico, no es primariamente ni l�gica ni sem�ntica; es
instintiva, emocional, voluntarista, pr�ctica y utilitaria.
La "fresca y zumbante" confusi�n de sensaciones presentadas
por el sistema nervioso son organizadas por los deseos y
los instintos, las emociones y los h�bitos que constituyen
la estructura innata de la mente. De este modo, el
pensamiento puede relacionarse s�lo con lo que los
instintos y las emociones han realmente organizado. "Los
pensamientos" no son de tal o cual naturaleza objetiva;
ellos son lo que se teme que sean, o lo que se desea que
sean; ellos son lo que se necesita en la experiencia
humana. Este es el camino hacia el subjetivismo.

El corolario inevitable del subjetivismo es el solipsismo.
El idealismo subjetivo en cualquier forma siempre cae en la
ci�naga del solipsismo, y el Positivismo pragm�tico no es
la excepci�n. Desde que todas las "cosas" existen en la
medida en que son �tiles, se desprende que todo, incluyendo
a todos los otros seres, son una construcci�n del propio
"yo". La conclusi�n inevitable es que el "yo" es la �nica
cosa existente. Crea su propio mundo y vive solamente en
�l. El subjetivismo, junto con su corolario el solipsismo
es el primer rasgo del Positivismo pragm�tico como teor�a.

Si todo lo que el hombre puede conocer es el producto de su
propia actividad emocional y pr�ctica, se deduce que todo
el mundo externo material es completamente desconocido e
incognoscible.

Con este repudio al conocimiento cient�fico y a la verdad,
y con la aceptaci�n de cualquier creencia mientras tenga
alg�n efecto verificable sobre la gente, la teor�a
pragm�tica abre las esclusas de la superstici�n, desde los
fantasmas hasta el misticismo y la religi�n. Incluye en sus
esencias el rasgo del oscurantismo. "El oscurantismo" es la
doctrina de la incognoscibilidad del mundo acoplada a la
superstici�n como sustituto del conocimiento.

Si el mundo como existe realmente es incognoscible, y si el
conocimiento y la verdad son sustituidos por la
superstici�n, se deduce que el Positivismo pragmatista es
una apolog�a de la invenci�n y la ficci�n que puede ser
utilizable para determinados prop�sitos. Si tales ficciones
prueban ser �tiles, ellas ser�n "verdaderas" en el sentido
pragm�tico, y no existir� una verdad genuina dentro de la
trama de una teor�a que puede posiblemente contradecirla.
Las ficciones, desde las psicoanal�ticas y las teol�gicas,
a las econ�micas, sociales y pol�ticas, son racionalizadas
por esta teor�a. As�, la ficci�n o ficcionalismo es otro
rasgo del Positivismo pragm�tico.

La teor�a pragmatista es, de este modo, una forma de
Positivismo que a su vez es una forma consistente de
idealismo subjetivo; es una construcci�n te�rica ficticia,
subjetivista, oscurantista, bien adaptada para acertar los
requerimientos de la clase a la que sirve.

La principal fuente del poder del Pragmatismo es el poder
organizado de la clase capitalista. Todo el poder del
Estado, toda la fuerza y la violencia, todos los medios de
comunicaci�n de masas, est�n detr�s de �l. Est� en el aire,
en la prensa y en las pantallas, grande y chica. Est� en
todas las instituciones burguesas. Est� en las escuelas.
Est� en todas las fases de la ideolog�a. El poder del
Pragmatismo se apoya fundamentalmente en el poder pol�tico
y econ�mico de las clases dirigentes para fomentarlo. 

El Pragmatismo es la filosof�a fundamental del capitalismo
en la era del imperialismo globalizador. Es un arma de
clase en la apolog�a de la brutalidad, la ignorancia y la
superstici�n. En el m�todo y la teor�a es lo opuesto al
materialismo dial�ctico e hist�rico y est� dirigido contra
la clase obrera y sus aliados y por ello, provee la
justificaci�n te�rica de la democracia burguesa y del
neofascismo.

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*End*

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