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31.01.2007, Political Report to the 128 Plenary Session of
the CC.
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From: Popular Socialist Party of Mexico, Wednesday, January
31, 2007
http://www.ppsdemexico.org , mailto:ppsm@ppsdemexico.org
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�Hacia el Xx Congreso del Partido Popular Socialista de
M�xico!

Informe al 128 Pleno del Comit� Central
-1 y 2 de diciembre de 2006-

1. Las Principales Tendencias en el Mundo, Hoy. 
 
El derrumbe del proyecto socialista que se ven�a
construyendo en Europa Central y del Este y en la Uni�n
Sovi�tica, y la desaparici�n de �sta, como la gran naci�n
surgida como fruto de la Revoluci�n de Octubre, baluarte
del proletariado mundial, concreci�n de sus anhelos de
construir una sociedad superior, altamente humanista, ha
sido el m�s duro golpe que han dado, sus enemigos, a la
clase trabajadora y a los pueblos del mundo a lo largo de
la historia. Llenos de soberbia, los ide�logos al servicio
del imperialismo proclamaron de mil maneras, entonces, que
el r�gimen de la explotaci�n del hombre por el hombre al
que de manera contradictoria y malintencionada llaman
"democracia liberal"- ser�a eterno y que la �nica
perspectiva para los explotados ser�a, por tanto, la
resignaci�n, ya no la lucha, que estaba condenada al
fracaso, puesto que la victoria que hab�an alcanzado los
due�os del capital y sobre todo los imperialistas, ser�a
definitiva e irreversible.

Pocos a�os han bastado, sin embargo, para demostrar el
car�cter endeble y falso de sus elucubraciones. Su victoria
no les alcanz� para hacer desaparecer al socialismo de la
faz de la Tierra: subsisti� en varios pa�ses y regiones
como r�gimen en proceso de construcci�n, aun en las
condiciones adversas que signific� la correlaci�n mundial
de fuerzas que domin� a partir de los finales de la d�cada
de los ochentas e inicios noventas del siglo XX. Diversos
pueblos han continuado con la tarea de explorar las v�as
para desarrollar sus fuerzas productivas, lo que entra�a un
rasgo fundamental del socialismo, sin la hegemon�a del
imperialismo, campo en el cual los logros de China son
enormes, pero tambi�n hay resultados positivos en Vietnam y
en Cuba, con distintos instrumentos y con enfoques
diversos, sobre todo en el caso de �sta �ltima. Desde otro
�ngulo, la experiencia de Cuba es verdaderamente ejemplar
en el aspecto de la construcci�n de una sociedad presidida
por la �tica, la solidaridad y la fraternidad humana como
valores supremos, en lo nacional y en lo internacional, y
de una sociedad que tiende a erradicar las clases sociales
y, por ende, las diferencias de clases.

Estos mismos pocos a�os han sido suficientes, de igual
manera, para dejar en claro que, por su parte, el sistema
de la propiedad privada de los medios de producci�n y
cambio el r�gimen capitalista- tampoco logr� resolver
ninguna de sus contradicciones, las que descubri� y puso en
evidencia Marx, y que llevar�n al sistema a su desaparici�n
fatal, pues se trata de contradicciones insuperables. �C�mo
puede llegar a so�arse inmortal un sistema que contiene,
entre otras, una contradicci�n fundamental, que se da entre
la producci�n, que tiene un car�cter cada vez m�s social, y
la apropiaci�n privada de lo producido, que se realiza por
un grupo m�s breve a cada momento? Esta contradicci�n, que
le es cong�nita y connatural, tiende a asfixiar al sistema
capitalista por su predisposici�n a reducir la reproducci�n
ampliada del capital, hacia su virtual extinci�n, sin la
cual no puede subsistir. La citada contradicci�n
fundamental se expresa asimismo en la concentraci�n y
centralizaci�n del capital, que hoy en d�a alcanzan
proporciones sin precedentes en el nivel planetario, y
tambi�n en el nacional, en el caso de M�xico. La tasa de
ganancia, por otra parte, se reduce inexorablemente, como
resultado del desarrollo de los instrumentos de producci�n
acelerado hoy por la llamada Revoluci�n
Cient�fico-T�cnica-, puesto que los capitalistas cada vez
dedican una porci�n mayor de recursos a la inversi�n en
maquinaria y equipo m�s moderno, con tecnolog�a avanzada,
para producir m�s con menor costo y eliminar a sus
competidores, y una porci�n menor a la compra de fuerza de
trabajo o "capital vivo", no obstante que �ste, el trabajo
humano, es el �nico capaz de producir plusval�a, es decir,
generar riqueza nueva. La reducci�n de la tasa de ganancia,
prevista por Marx, ha llegado hoy a proporciones nunca
vistas y mantiene esa tendencia fatal; por esto, el sistema
capitalista mundial, en esta fase de senilidad, tiende m�s
a la especulaci�n, porque producir va siendo menos
"rentable". Y en la medida en que m�s capitalistas destinan
m�s recursos a la especulaci�n y los retiran de la
producci�n, ayudan a profundizar la crisis definitiva del
sistema, aun cuando lo hagan de manera inconsciente. La
especulaci�n absorbe hoy recursos mayores infinitamente que
los que se destinan a la producci�n y esto es otra
demostraci�n m�s, muy clara, del estado de envejecimiento
avanzado e irreversible en que se halla este sistema.

La modalidad que adopt� el capitalismo en el mundo en el
�ltimo cuarto de siglo la globalizaci�n neoliberal- no fue,
por tanto, un acto de creatividad ni una muestra de
audacia, sino que constituye la forma que corresponde a un
capitalismo senil en crisis, tiempo en que todas las
contradicciones del sistema se agudizan y auguran su final
cercano. Es una etapa en  la que el imperialismo se
exacerba, se torna m�s voraz e insaciable; m�s contaminante
y destructor de la Naturaleza y de sus recursos, m�s
devastador de la Vida en todas sus formas; m�s agresivo
contra los Pueblos todos, del mundo, v�anse los casos de
Afganist�n, Irak, Palestina, L�bano, y los amagos a Ir�n,
Corea, Siria, Venezuela, Cuba El imperialismo se vuelve
amenazador para la Civilizaci�n, m�s que nunca, para los
frutos de la Cultura Universal y de las Culturas
particulares de los pueblos; m�s peligroso para la
Humanidad toda. 

Todas las contradicciones que ha generado el sistema
capitalista mundial se dan en esta etapa de una manera m�s
aguda que antes: la contradicci�n entre las potencias
imperialistas y los pueblos que luchan por su liberaci�n;
la que se da entre el imperialismo y la clase trabajadora
de los pa�ses imperialistas, y la interimperialista, entre
sus distintos focos de poder, hoy sobre todo Estados Unidos
y la Uni�n Europea, que se disputan el dominio del mundo.
El imperialismo toma hoy el car�cter de enemigo fundamental
de la clase trabajadora y los pueblos del mundo, con mayor
nitidez que nunca.

�Cu�les son algunas de las principales tendencias que se
expresan en el mundo hoy, veinticinco a�os despu�s de la
puesta en marcha de la llamada globalizaci�n neoliberal y
transcurridos tres lustros de la desaparici�n de la URSS,
que fue decretada en diciembre de 1991? Las tendencias, en
esta coyuntura y en pleno capitalismo senil, apuntan, en lo
econ�mico, hacia otra contracci�n de la producci�n mundial,
de la que, parad�jicamente, la esperanza de que �sta no sea
tan severa, recae principalmente en la expectativa de
crecimiento de la econom�a asi�tica, en la que China
desempe�a el papel principal. La Uni�n Europea tiende a un
crecimiento reducido y Estados Unidos a uno m�s modesto en
los a�os que vienen; con ello arrastrar� en su ca�da a los
pa�ses dependientes como el nuestro, y otros de Am�rica
Latina.

En la correlaci�n de fuerzas, las m�s beligerantes,
peligrosas y m�s reaccionarias del imperialismo yanqui, que
emergieron amenazantes del 11 de septiembre de 2001, han
sufrido fuertes descalabros. Su invasi�n a Afganist�n y a
Irak ha ca�do en el descr�dito a los ojos de los pueblos
del mundo y del propio pueblo de Estados Unidos, a pesar de
todos sus recursos propagand�sticos, lo que se ha reflejado
en la derrota electoral del Partido Republicano, hace unos
d�as. No obstante, las fuerzas m�s regresivas del
imperialismo y sus lacayos, retoman rasgos de la �poca del
fascismo en muchos lugares del planeta; ejercen el
terrorismo de Estado; suprimen libertades y derechos
democr�ticos, individuales y colectivos, fruto de largas
luchas hist�ricas; acent�an conductas de feroz
anticomunismo; inhabilitan organizaciones de lucha,
comunistas y progresistas; criminalizan las luchas y a los
luchadores populares; califican de "terroristas" a los
emancipadores y revolucionarios y a gobiernos de pa�ses que
asumen posturas dignas y antiimperialistas; promueven la
xenofobia y el racismo. 

La lucha de clases tiende a agudizarse en el escenario del
mundo cada vez m�s. Se incrementa y crece en su importancia
la batalla de las ideas. Crece asimismo la movilizaci�n de
los pueblos del mundo contra el neoliberalismo, en su
calidad de expresi�n actual del imperialismo; tambi�n la
lucha contra las guerras que desatan el imperialismo y el
sionismo, y la lucha en defensa de las libertades y los
derechos individuales y sociales.  


2. El Proceso Revolucionario en Am�rica Latina en los
Inicios del Siglo Xxi. 

En Am�rica Latina, es particularmente notable la tendencia
ascendente de la lucha por la Segunda y Definitiva
Independencia de nuestros pueblos, en nuestros d�as.

Hist�ricamente el imperialismo norteamericano ha visto a
Am�rica Latina y el Caribe como zona de exclusivo dominio.
Sin embargo, hace cinco lustros, como parte de la
globalizaci�n neoliberal, lanz� una nueva ofensiva para
acrecentar su hegemon�a. Lo hizo con el fin de fortalecer
su posici�n en la lucha interimperialista en la arena
mundial; tambi�n persigui� por ese medio nutrir su econom�a
en crisis, a costa de la sobreexplotaci�n y el saqueo de
las nuestras; quiso asegurarse el abasto de energ�ticos
petr�leo, gas, uranio-, y fortalecer su pol�tica belicista.

Desde entonces, el imperialismo norteamericano ha
intensificado sus acciones para apropiarse de los
principales medios de producci�n y cambio de nuestros
pa�ses, y de nuestros recursos naturales, ya no s�lo los
tradicionales, tambi�n ahora la biodiversidad, el ox�geno y
el agua, entre otros. Asimismo, con el fin de intensificar
la explotaci�n de nuestra fuerza de trabajo, que le resulta
muy barata, y contrarrestar de alg�n modo la tendencia a la
baja de la tasa de ganancia que registra la econom�a
estadounidense, igual que la de todo el mundo capitalista.
Otro objetivo ha sido el de subordinar las econom�as de
nuestros pa�ses a la metropolitana. Y en lo pol�tico,
dentro del mismo proyecto general, despojar a nuestros
pueblos de su soberan�a y autodeterminaci�n. Todo esto ha
tra�do como resultado el de convertir a los pa�ses de
Am�rica Latina y el Caribe en neocolonias del imperialismo
yanqui, cada vez m�s.

Hist�ricamente la contradicci�n principal, en nuestra
regi�n, ha sido la que se da entre el imperialismo
norteamericano y los pueblos y las naciones de Am�rica
Latina y el Caribe, en su conjunto. La lucha revolucionaria
para nuestros pueblos ha buscado, por lo tanto, desde
tiempo atr�s, derrotar al imperialismo y conquistar nuestra
plena independencia econ�mica y pol�tica, es decir, nuestra
Segunda y Definitiva Independencia, luego de la que
logramos frente a la dominaci�n colonial europea a inicios
del siglo XIX.

Hoy, luego de la puesta en marcha de la globalizaci�n
neoliberal, cuando el imperialismo yanqui ha incrementado
su domino sobre nuestra regi�n, la lucha revolucionaria por
la Segunda y Definitiva Independencia de nuestros pueblos
se ha puesto a la orden del d�a y ha cobrado mayor vigencia
que nunca. La gran batalla liberadora en la que est�n
empe�ados los pueblos todos de esta regi�n fue prevista por
Vicente Lombardo Toledano desde hace medio siglo: "Los
pueblos de Am�rica Latina est�n pr�ximos ya, juzgados en
conjunto, a una gran movilizaci�n, parecida a la ocurrida
en la �poca colonial, a principios del siglo XIX, que
desemboc� en la Revoluci�n de Independencia. Porque si el
imperialismo norteamericano ha logrado una gran influencia
econ�mica y pol�tica esa misma intervenci�n ha provocado un
sentimiento colectivo contra el imperialismo que no tiene
precedentes. Creer que los pueblos de Am�rica Latina van a
resignarse a vivir como colonias de los Estados Unidos, no
s�lo es un grave error, sino revela una completa ignorancia
de las leyes que rigen en nuestra evoluci�n de pa�ses
semicoloniales." ("Brasil ha dado el ejemplo", art�culo
publicado en la revista Siempre de la ciudad de M�xico,
n�mero 125, del 16 de noviembre de 1955)

De hecho, la Revoluci�n democr�tico-burguesa y antifeudal,
que estall� en nuestro pa�s en 1910, tambi�n y sobre todo
fue una revoluci�n antimperialista la primera,
cronol�gicamente hablando-; tuvo como objetivo, entre
otros, el de frenar y revertir el proceso de colonizaci�n
econ�mica a que nos sujetaba el imperialismo
estadounidense, ya en plena expansi�n. As� la defini�
Lombardo en numerosas ocasiones; y precisamente por ser
antimperialista, fue una revoluci�n de liberaci�n nacional,
por la Segunda y Definitiva Independencia de M�xico, que
logr� avances significativos, profundos, en los �rdenes
econ�mico, pol�tico, social y cultural. Entre otros de sus
efectos, estimul� las luchas revolucionarias de otros
pa�ses de la regi�n latinoamericana y caribe�a, casi todos,
incluida la Gloriosa Revoluci�n Cubana, como bien lo ha
reconocido el Comandante Fidel Castro. 

Sin embargo, no alcanz� su objetivo de transformar al
nuestro en un pueblo libre y soberano, due�o de su destino,
que tuviera acceso pleno a los bienes de la civilizaci�n y
la cultura. Ya en la fase posterior a la lucha armada,
vivi� un prolongado y complicado proceso de luchas
ideol�gicas y pol�ticas entre las fuerzas revolucionarias y
progresistas, impulsoras de los avances, por una parte, y
las reaccionarias y proimperialistas que quer�an frenarla y
destruirla, por la otra. Ese proceso conflictivo dur�
alrededor de tres cuartos de siglo, de 1917 a 1982, al 
final del cual la revoluci�n descarril�, sobre todo a causa
de la globalizaci�n neoliberal que implant� en M�xico las
pol�ticas que dise�aron el Banco Mundial y el Fondo
Monetario Internacional, agencias del imperialismo. Tomaron
el gobierno en sus manos los neoliberales del PRI y del
PAN, que son una y la misma cosa, y desde all� han
facilitado que el poder pase a manos del imperialismo, que
es quien lo detenta hoy. 

La experiencia de todos los pueblos del mundo demuestra que
no todas las revoluciones llegan hasta sus fines �ltimos de
una sola vez, como tambi�n lo demuestra nuestra propia
experiencia. Esa etapa de la larga lucha hist�rica de
nuestro pueblo qued� inconclusa, como tambi�n quedaron
truncadas las fases anteriores, la de 1810 y la de Reforma,
que junto con la de 1910 han formado lo que Lombardo
denomin� "tres tiempos" de un proceso revolucionario �nico.
Por eso cada nuevo movimiento retom� los objetivos
inalcanzados y los anhelos del pueblo insatisfechos de la
fase anterior. Lo que no "fracasa" ni pierde vigencia, en
la concepci�n de Lombardo, es la Revoluci�n Mexicana
entendida como el proceso revolucionario hist�rico �nico
del pueblo de M�xico la sinfon�a entera-, que no puede
perder vigencia en tanto los anhelos del pueblo no est�n
satisfechos del todo, ni puede fracasar, porque la voluntad
de cambio del pueblo es imbatible y, si en una fase no
logra sus objetivos �ltimos, ya reiniciar� su lucha
infatigable. El propio Lombardo anunci� el inicio del
"cuarto movimiento" de esa gran sinfon�a: "Necesitamos una
nueva Revoluci�n esta revoluci�n ser� la cuarta etapa de la
Revoluci�n ininterrumpida de nuestra historia, despu�s de
las etapas de la Independencia, de la Reforma y de la lucha
contra la dictadura de Porfirio D�az. Esta cuarta
revoluci�n tendr� sus propias caracter�sticas... Ser� una
revoluci�n basada en la vigorizaci�n de la conciencia de
clase del proletariado y en la educaci�n pol�tica de las
otras fuerzas sociales que han de cooperar a la democracia
del pueblo. Una revoluci�n caracterizada por grandes
movimientos de masas, vigorosos, resueltos y entusiastas".
(La perspectiva de M�xico, una democracia del Pueblo.
Informe Pol�tico al Noveno Consejo Nacional del Partido
Popular. 5 de abril de 1956) 

Luego de la nuestra, de 1910, hubo otras revoluciones en
los a�os y d�cadas siguientes en Am�rica Latina y el
Caribe, tambi�n contra el imperialismo y de liberaci�n
nacional, si se les juzga por su contenido hist�rico
concreto, aunque no en todos los casos lo proclamaran as�.
Varias de ellas siguieron el camino de la insurrecci�n
armada, y en particular la t�ctica guerrillera, en Am�rica
Central y en Am�rica del Sur, luego de la exitosa
experiencia de la Revoluci�n cubana; otras, la v�a de las
elecciones, como el caso de Chile, con la Unidad Popular y
Salvador Allende al frente; otras tomaron la senda de la
movilizaci�n de masas; porque las formas posibles de la
lucha revolucionaria son muchas y encontrar la que m�s
conviene, depende de condiciones concretas de cada lugar y
de cada momento; las m�s adecuadas para un pa�s son
inoperantes en otro, y las m�s viables en un mismo pa�s, en
cierto momento, no lo son en otro, si las circunstancias se
han modificado. 

A pesar de todos los esfuerzos, hasta hoy, s�lo una
revoluci�n en nuestra regi�n ha alcanzado su objetivo de
romper todo lazo de dependencia con respecto del
imperialismo yanqui y de lograr as� el ejercicio pleno de
la autodeterminaci�n para su pueblo: la Revoluci�n Cubana. 

En nuestros d�as, sin embargo, la clase obrera y sus
aliados en la lucha contra el imperialismo en Am�rica
Latina y el Caribe experimentan una importante fase de
ascenso. Luego del triunfo y la consolidaci�n de la
Revoluci�n Cubana, la que m�s ha logrado avanzar hacia su
independencia es la Revoluci�n Bolivariana de Venezuela,
que est� viva y vigente. Es un proceso que se ha ido
radicalizando a un ritmo vertiginoso, acentuando cada vez
m�s su car�cter antimperialista, y que hoy en d�a ya
explora el camino hacia su reorientaci�n al socialismo y
empieza a dar pasos concretos en esa v�a. Existe la
experiencia de que revoluci�n que no avanza, se frustra; y
tambi�n, de que ninguna revoluci�n de liberaci�n nacional
ha logrado sus objetivos de manera plena, si, en el
proceso, no ha ido m�s all� de sus prop�sitos iniciales,
fij�ndose nuevas metas; si no se ha se�alado como objetivo
superior la construcci�n de una sociedad sin explotadores
ni explotados, una sociedad socialista. Porque ambas, la
revoluci�n de liberaci�n nacional y la revoluci�n
socialista, poseen unidad dial�ctica, en las condiciones
actuales, y por tanto, no son necesariamente dos procesos
separados por un tiempo prolongado; no se requiere que se
consolide primero, y se desarrolle el r�gimen surgido de la
Revoluci�n democr�tico-burguesa, como sucedi� en el pasado,
en las sociedades que hicieron este tipo de revoluci�n y
construyeron reg�menes capitalistas a los que hoy se les
llama "desarrollados", que est�n en la etapa del
imperialismo, para despu�s, en otro momento hist�rico,
cuando hayan madurado nuevas y distintas contradicciones,
pasar a la revoluci�n socialista. Esto ya no es as�: la
Revoluci�n de liberaci�n nacional y la que ha de construir
la sociedad socialista y comunista, en las condiciones de
hoy bien pueden ser un mismo proceso, ininterrumpido y de
muy r�pida evoluci�n. As� lo concibi� Lombardo desde hace
medio siglo: "S� muy bien que en esta etapa de la historia
humana, en el periodo de agon�a del imperialismo, todas las
luchas populares por la independencia nacional y por el
progreso de los hombres conducen al socialismo". (La
perspectiva de M�xico, una democracia del pueblo, Informe
pol�tico al Noveno Consejo Nacional del Partido Popular,
abril de 1955) M�s todav�a, en realidad las revoluciones de
liberaci�n nacional que no se han radicalizado y marchado
al socialismo, han sucumbido, y dado paso a una fase
regresiva hacia la dependencia neocolonial, como ocurri�
con el tercer tiempo de la nuestra.

La Revoluci�n Bolivariana de Venezuela, adem�s, ha
desempe�ado una funci�n muy valiosa por su participaci�n en
la solidaridad con la Revoluci�n Cubana, sobre todo en esta
etapa en que el imperialismo yanqui ha endurecido el
bloqueo contra la Patria de Mart�, Fidel y el Che. Tambi�n
ha sido valiosa su contribuci�n a crear las condiciones
para el ascenso de la revoluci�n liberadora en toda la
regi�n. Y tambi�n ha tenido la virtud de poner en la mesa
de discusiones el tema de la previsible integraci�n
latinoamericana en lo pol�tico, uniendo a nuestros pa�ses
en una sola gran naci�n. La Alternativa Bolivariana de las
Am�ricas, ALBA, no es un proyecto s�lo de orden econ�mico,
sino sobre todo pol�tico, adem�s de cultural, que recoge el
viejo ideal de Sim�n Bol�var y de Jos� Mart�, de unir a
nuestros pa�ses en su lucha contra el imperialismo yanqui,
que en el mundo de hoy cobra una dimensi�n nueva y mayor
aun que en la �poca en que lo formul� El Libertador.

El proceso revolucionario en Bolivia, tercero en orden
cronol�gico, de los procesos revolucionarios profundos que
est�n en marcha en Am�rica Latina, ha avanzado
vigorosamente desde el ascenso a la Presidencia, de Evo
Morales. Este pa�s andino ahora integra, junto con
Venezuela, un d�o de naciones opuestas al imperialismo con
firmeza y dispuestas a enfrentar sus designios sin
concesiones. En ambos casos, los conjuntos de las fuerzas
revolucionarias antiimperialistas m�s consecuentes han
tomado el gobierno en sus manos y avanzan hacia la toma del
poder, en medio de luchas constantes que se dan en el
terreno de las ideas, de la batalla pol�tica, de las
movilizaciones populares, de la creciente organizaci�n de
la clase trabajadora y el muy amplio conjunto de sus
aliados con los que cuenta en esta fase hist�rica de la
Revoluci�n.

Los convenios de intercambio que se dan entre Bolivia,
Venezuela y Cuba, salen del �mbito del mercantilismo y la
expoliaci�n y retoman los principios de la solidaridad
entre los pueblos y de la equidad, que hab�an desaparecido
junto con la Uni�n Sovi�tica. 

Adem�s de los procesos revolucionarios antiimperialistas
profundos ya se�alados, hay otros cambios de menor
profundidad pero importantes, en Am�rica Latina, como los
que se dan en Brasil, Argentina, Uruguay y Nicaragua, y el
muy reciente en Ecuador. Gobiernos como el de Lula,
Kirtchner, Tabar� y casi seguro el de Daniel Ortega, act�an
en una l�gica distinta de los de Venezuela y Bolivia, y
desde luego, del de Cuba, porque su naturaleza es distinta
y sus condiciones tambi�n lo son. Es verdad que no se
enfrentan al imperialismo en su esencia, en su base
econ�mica; no nacionalizan sus recursos y, en muchos casos,
ni siquiera frenan la penetraci�n creciente del capital
extranjero, sino que la toleran. M�s todav�a, algunos de
ellos tampoco defienden, o no lo hacen con la firmeza
necesaria, los derechos de los trabajadores y las masas
populares frente al Poder econ�mico imperialista, sino que
contin�an aplicando las pol�ticas neoliberales. Sin
embargo, no son lo mismo que otros gobiernos, como el de
Uribe, en Colombia, ni los del PAN en M�xico. Son gobiernos
que tienen una pol�tica exterior independiente, que por lo
menos en ese �mbito no se pliegan a los dictados de
Washington y que interact�an de manera muy positiva con
otros pa�ses del mundo al margen y aun en contra de los
intereses yanquis, sea China, propiciando la
diversificaci�n de sus mercados; sean India y Sud�frica,
promoviendo un bloque que enfrente a Estados Unidos y la
Uni�n Europea en la OMC, o sea Venezuela Bolivariana,
propiciando su integraci�n en el MERCOSUR y dando paso a
una interacci�n econ�mica con alto significado pol�tico de
independencia frente al poderoso. Pero, sobre todo, lo que
tiene mayor importancia y un sentido muy positivo de la
pol�tica internacional de estos gobiernos, es su posici�n
amistosa con respecto a Cuba, su negativa a sumarse al
bloqueo criminal y su tendencia a exigir el cese del mismo
en los foros internacionales. Todo esto tiene repercusiones
significativas tanto en el escenario latinoamericano como
en la arena mundial.

En el ascenso revolucionario de nuestros d�as en Am�rica
Latina ha habido un instrumento cuyo uso se ha
generalizado: la movilizaci�n popular. Los pueblos salen a
la calle y se movilizan combativos contra los resultados de
cinco lustros de pol�ticas neoliberales; lo hacen de una
manera natural, porque en este caso no se requiere un
proceso complejo de comprensi�n para unir la causa con el
efecto, para darse cuenta de que tales pol�ticas los han
empobrecido y humillado como nunca, regres�ndolos d�cadas
atr�s en sus procesos sociales. Es f�cil observar los
resultados, profundamente lesivos a los intereses de
nuestros pueblos, de los cambios que el capitalismo senil
de nuestros tiempos requiere para subsistir un poco m�s. La
movilizaci�n, por otra parte, se ha demostrado sumamente
eficaz, por los muchos logros que ha conseguido en otras
tantas batallas. La movilizaci�n popular, adem�s de ser una
forma concreta y eficaz de lucha, en muchos casos ha sido
tambi�n la escuela de masas en que los grandes conjuntos
del pueblo han ido forjando su conciencia antimperialista y
de clase. Han aprendido a ver m�s all� de la superficie y
se han dado cuenta del contenido clasista del
neoliberalismo y, sobre todo, de su esencia imperialista.
Esto, sobre todo, gracias al papel que en el seno de los
movimientos de masas han venido desempe�ando las fuerzas
m�s avanzadas y consecuentes, como los partidos comunistas
y obreros.

La movilizaci�n popular tambi�n se ha desempe�ado como
instrumento para que las masas se organicen cada vez m�s, y
para que los grupos y  organizaciones diversas y m�ltiples
que confluyen en la lucha, aprendan a coordinar y articular
sus esfuerzos, a superar los vicios del sectarismo y la
autosuficiencia, y para que poco a poco vayan encontrando
v�as para dejar atr�s la �poca de la pulverizaci�n de la
izquierda y de otras fuerzas progresistas, pulverizaci�n
que ha propiciado el propio imperialismo y, junto con �l,
otras fuerzas regresivas.
 
Grandes movilizaciones populares precedieron y crearon
condiciones para que pudiera darse el ascenso de Evo
Morales a la Presidencia de Bolivia, y otras semejantes han
logrado que ese proceso revolucionario pueda avanzar en
medio de una feroz resistencia del imperialismo y la
oligarqu�a. Grandes movilizaciones de las masas fueron el
arma que hizo posible la reversi�n del golpe de Estado en
Venezuela y el regreso de Hugo Ch�vez Fr�as a la
Presidencia, y otras de gran magnitud han permitido las
sucesivas victorias electorales y pol�ticas, y la
subsistencia y el avance de la Revoluci�n Bolivariana en
ese pa�s. Movilizaciones de gran dimensi�n han precedido y
facilitado incluso los resultados de tipo electoral que,
sin entra�ar cambios profundos tienen sin embargo un
car�cter positivo importante, en diversos pa�ses de la
regi�n. Ese mismo tipo de instrumento jug� una funci�n muy
importante en la derrota que los pueblos de Am�rica Latina
infligieron a aquel proyecto imperialista que se denomin�,
�rea de Libre Comercio de la Am�ricas, ALCA, y en casos
concretos han logrado impedir que tales o cuales gobiernos
firmen tratados bilaterales o subrregionales de "libre"
comercio. En fin 

3. El Proceso Revolucionario en M�xico, hoy. 

En M�xico estamos hoy en la misma etapa que en la mayor�a
de los pa�ses de Am�rica Latina, de grandes movilizaciones
populares contra el neoliberalismo y contra el
imperialismo. Nuestro pa�s no est� aislado de la realidad
contempor�nea del mundo ni de nuestra regi�n; no podr�a
estarlo. 

En los primeros a�os del neoliberalismo hubo luchas de
resistencia en muchos lugares del pa�s, sobre todo de
obreros cuyas empresas fueron privatizadas y acabaron
desapareciendo sus fuentes de trabajo; casi todas, sin
embargo, fueron derrotadas, entre otras razones porque
actuaban de manera aislada. El primer gran movimiento
victorioso fue el del Frente Nacional de Resistencia contra
la Privatizaci�n de la Industria El�ctrica, FNRPIE, surgido
a inicios de 1999, que logr� impedir que el gobierno de
Ernesto Zedillo modificara la Constituci�n, para que esta
industria y la del petr�leo dejaran de ser de la exclusiva
competencia del Estado y se pudieran entregar con toda
amplitud y con respaldo constitucional, al capital privado
transnacional.

Al calor del este frente fueron surgiendo otras grandes
expresiones de la lucha de masas contra el imperialismo,
como la Promotora por la Unidad Nacional contra el
Neoliberalismo y otras m�s. Desde el punto de vista de su
amplitud, grado de consistencia, madurez y contenido
program�tico, por hoy su forma m�s acabada lo es el llamado
Di�logo Nacional por un Nuevo Proyecto de Naci�n, que
agrupa a m�s de trescientas organizaciones diversas, de
obreros, campesinos, estudiantes, de mujeres, de
intelectuales, etc�tera; que levanta un avanzado programa
antimperialista y de liberaci�n nacional construido por
consenso el llamado Programa m�nimo no negociable-; que ha
logrado movilizar de manera combativa a centenares de miles
de compatriotas tanto en la capital como en diversos
lugares del pa�s y que ha frenado numerosos proyectos
concretos del imperialismo y la derecha. Soportes de esa
misma gran alianza lo son el Frente Sindical, Campesino,
Ind�gena y Popular; la Promotora por la Unidad Nacional
contra el Neoliberalismo y, de manera destacada, el
Sindicato Mexicano de Electricistas.

Por otra parte, hoy, luego de cinco lustros de depredaci�n
neoliberal, proliferan los estallidos de inconformidad
popular en todas partes del pa�s: en Atenco, en Oaxaca, en
Michoac�n, en Chiapas, en Guerrero; se movilizan los
electricistas, los mineros, los maestros, los campesinos.
Movimientos populares surgen y act�an, algunos de manera
convergente y otros por separado, sin conexiones; todos,
sin embargo, con el mismo trasfondo, aunque no en todos los
casos lo proclamen as�. 

El caso de Oaxaca es muy significativo. En la entidad se ha
construido otro frente de masas, que tiene en com�n con los
anteriores las mismas causas profundas, pero que tiene
singularidades y aporta distintos elementos a la
experiencia general. Entre sus aspectos singulares, est� su
origen concreto: un viejo problema laboral que enfrentan
los trabajadores de la educaci�n integrados en la Secci�n
22 del SNTE. Siendo Oaxaca una entidad considerada
tur�stica y, por ello, de vida cara, los maestros hace a�os
que vienen solicitando se les remunere de igual manera que
a los que laboran en otras entidades del pa�s con
caracter�sticas semejantes. Es una petici�n de justicia
elemental, pero cuya soluci�n se ha venido regateando. Hace
a�os que se movilizan con la misma demanda, hacen paros,
plantones y marchas, lo mismo en Oaxaca que en la misma
capital del pa�s; consiguen algo, siempre insuficiente, y
el problema se vuelve a plantear al a�o siguiente. Lo nuevo
esta vez fue la conducta ferozmente represiva del
gobernador, Ulises Ruiz, que orden� reprimir a los maestros
con descomunal fiereza. Y nueva fue tambi�n la respuesta
solidaria del pueblo de Oaxaca en masa, con los maestros de
sus hijos. El problema laboral se transform� en uno social
de masas; la demanda que unific� a los oaxaque�os en su
conjunto fue el castigo al represor, en la forma de su cese
como gobernador, lo que ten�a adem�s tambi�n el car�cter de
una demanda de autoprotecci�n, porque si el personaje se
quedaba, tomar�a represalias sanguinarias, de seguro, ya no
s�lo contra los maestros, sino contra todos los
participantes del movimiento popular. La ineptitud, las
ambiciones y la colusi�n entre los partidos de la
burgues�a, el PAN, el PRI y el PRD, ha hecho que ning�n
nivel de autoridad le d� salida al conflicto, ocasionado
que se enrede cada vez m�s. El problema de fondo, sin
embargo, es el mismo que ha provocado otras movilizaciones:
veinticinco a�os de pol�ticas neoliberales y sus
consecuencias. En tanto persista ese problema de fondo,
siempre habr� chispazos de una y mil caracter�sticas, que
causar�n estallidos de gran magnitud, como en Oaxaca. 

Por otra parte, desde el punto de vista de los aportes, dos
significativos del movimiento de Oaxaca han sido: la forma
en que han funcionado la preservaci�n de la unidad y la
operatividad de la direcci�n colectiva, dir�ase ejemplar,
sobre todo si se considera que ha actuado en medio de
condiciones ca�ticas; otro aporte m�s, ha sido el de la
adecuada mezcla de prudencia y combatividad con la que se
ha conducido el pueblo de la entidad, al enfrentar a la
Polic�a Federal Preventiva con vigor, pero a la vez
evitando que �sta tuviera el pretexto que ha buscado para
generar un verdadero ba�o de sangre generalizado. La lucha
del pueblo de Oaxaca ha sido saludada por numerosas fuerzas
y personalidades desde diversos lugares del mundo. Partidos
hermanos, Comunistas y Obreros de numerosos pa�ses han
expresado su saludo solidario a las luchas de la clase
obrera y el pueblo de M�xico, entre las que destaca el caso
de Oaxaca.

Por otra parte, el Ej�rcito Zapatista de Liberaci�n
Nacional, EZLN, a fines de 2005 invit� a deliberar  a
numerosas organizaciones, grupos e individuos, entre otros,
a las organizaciones de la izquierda socialista y
comunista, y nosotros le tomamos la palabra e iniciamos un
di�logo que ha sido fraternal, respetuoso y fruct�fero, y
que nos ha permitido compartir algunas tareas en la "Otra
campa�a" que, en los hechos, es otro frente popular con
posibilidades de luchar, en los hechos, contra el
imperialismo. Hay diferencias entre nosotros y
coincidencias, como sucede en todos los casos, en el frente
de masas.    

Luego de las elecciones de julio pasado, y de la falta de
�tica que tuvo el gobierno de Fox, que favoreci� ilegal y
descaradamente al PAN, afectando sobre todo los intereses
del candidato socialdem�crata Andr�s Manuel L�pez Obrador,
�ste llam� a la poblaci�n al desconocimiento, por ileg�timo
y espurio, del gobierno que surgi� de la elecci�n,
denunciando el fraude electoral. 

Nuestro Partido no apoy� a L�pez Obrador como candidato
presidencial, hay que recordarlo, -aunque tampoco lo
combati�-, sino que de manera consciente puso su esfuerzo
sobre todo en evitar que su campa�a desintegrara al frente
de masas contra el neoliberalismo y el imperialismo,
provocando con ello un gran da�o a la lucha de nuestro
pueblo por su liberaci�n. Era una amenaza inminente que
gravit� sobre el movimiento de masas en el per�odo de la
campa�a electoral. La conducta del Partido fue acertada y
logr� sus objetivos. 

Ahora bien, ya en otro momento del devenir pol�tico, el
postelectoral, nuestro Partido valor� como positiva e
importante la posici�n que asumi� L�pez Obrador, porque
rompi� con las instituciones "democr�ticas" creadas por el
neoliberalismo con el fin de perpetuarse en M�xico,
enga�ando al pueblo con la farsa de una "democracia" que no
lo es. As� L�pez Obrador, aunque se ha limitado a
cuestionar �sta elecci�n en particular y no todo el sistema
electoral y el sistema de partidos, que es lo
verdaderamente antidemocr�tico, al hacerlo se ha acercado
al movimiento de masas antineoliberal y antimperialista,
con lo que ha dado pasos hacia su posible conversi�n de un
candidato muy moderadamente progresista, a un dirigente
pol�tico con alianzas con fuerzas mucho m�s definidas al
lado de los intereses de la clase obrera, del pueblo y de
la naci�n. Fruto de esa convergencia nueva, en la asamblea
constitutiva de la Convenci�n Nacional Democr�tica, que
lidera L�pez Obrador, se pudo escuchar un lenguaje distinto
al que se hab�a escuchado en la campa�a electoral, un
lenguaje definidamente antimperialista, en la voz de los
representantes del Di�logo Nacional que all� participaron,
entre ellos el dirigente sindical electricista Mart�n
Esparza.

El com�n denominador entre todos los frentes de masas
se�alados, dentro de su diversidad, est�, en los hechos, en
la lucha contra las pol�ticas neoliberales y contra su
autor y beneficiario principal, el imperialismo. Es claro
que lo deseable ser�a que hubiera la m�s amplia unidad
entre todos estos frentes, pero tambi�n es verdad que la
unidad se construye, no surge de manera espont�nea. Lo
preferible ser�a que todas estas movilizaciones fueran el
fruto de una planeaci�n previa y tuvieran una direcci�n
pol�tica �nica, pero eso es imposible cuando la izquierda
revolucionaria, fuerza a la que corresponder�an la
planeaci�n y la direcci�n, est� pulverizada, como sucede en
nuestra realidad. En estas condiciones, el proceso se
invierte y la movilizaci�n puede tomar la funci�n de
condici�n propicia para la construcci�n de la unidad, como
ya se dijo antes. Toca a nuestro partido, de manera
conjunta con otras organizaciones que tengan la misma
sensibilidad y compartan el punto de vista, la
responsabilidad de contribuir a preservar, orientar, educar
pol�ticamente y mejorar la articulaci�n entre todas las
agrupaciones que confluyen en los diversos frentes, y de
los diversos frentes entre s�. Para ello, nos toca
contribuir a que no haya disputas ni enfrentamientos entre
unos y otros, a que caminen hacia la unificaci�n de todos,
en la medida de lo posible y, en tanto no se pueda, por lo
menos a que avancen por caminos paralelos. Nos toca
trabajar con todos y en todos, buscando establecer siempre
la relaci�n m�s cordial y contribuir a que alcancen los
mejores logros, manteniendo siempre nuestra independencia
con respecto de l�deres y agrupaciones que confluyen y
expresando nuestros puntos de vista con franqueza y con
fraternidad.   

4. Hacia al Xx Congreso de Nuestro Partido

Como parte del proceso ascendente en la lucha de los
pueblos de Am�rica Latina hacia su liberaci�n definitiva
respecto del imperialismo y hacia la construcci�n de una
sociedad socialista, que se registra hoy en d�a y al que en
modo alguno es ajeno el pueblo de nuestro pa�s, el Partido
Popular Socialista de M�xico inicia con este pleno la
preparaci�n de su XX Congreso; nos proponemos que su
objetivo sea el de aportar a la transformaci�n
revolucionaria de nuestra sociedad, tanto en el �mbito de
las ideas como en el de la organizaci�n.

Hay que recordarlo: nuestro Partido surgi� en 1948 como
Partido Popular, un movimiento del pueblo para mejorar sus
condiciones de vida, ampliar el r�gimen democr�tico y
luchar por la independencia nacional; se transform� en
1960, luego de cinco a�os de debate, en Partido Popular
Socialista, un partido de la clase obrera que adopt� la
filosof�a del proletariado para la compresi�n de la
realidad y para lograr el objetivo hist�rico de construir
el socialismo. Y a partir de 2002, por decisi�n de su XIX
Congreso, pas� a denominarse Partido Popular Socialista de
M�xico, para distinguirse de otros desprendimientos que
tomaron caminos ajenos a la l�nea revolucionaria del
marxismo leninismo y el lombardismo. Nuestro partido no
naci� para la inmovilidad, dec�a Lombardo, sino como un
organismo al cual "hay que concebirlo como un partido
revolucionario en desarrollo, en pleno movimiento,
dispuesto siempre a dar pasos adelante para no quedarse
atr�s de los acontecimientos y para estar en capacidad
siempre de interpretar el rumbo de la historia
contempor�nea y las tendencias m�s profundas de nuestro
pueblo". (La perspectiva de M�xico, una democracia del
pueblo, Informe pol�tico al Noveno Consejo Nacional del
Partido Popular, abril de 1955)

Siguiendo esa misma senda, de congruencia hist�rica,
ideol�gica y pol�tica, nos disponemos a preparar ahora
nuestro XX Congreso, buscando, como siempre, interpretar el
rumbo de la historia contempor�nea de la manera m�s clara
posible, y buscando tambi�n interpretar las tendencias m�s
profundas de nuestro pueblo con plena fidelidad. Disponemos
para nuestros fines del materialismo dial�ctico e
hist�rico, herramientas poderosas creadas por Marx,
enriquecidas por Lenin y por otros destacados militantes
revolucionarios, entre ellos el propio Lombardo, sobre todo
en lo que se refiere a la realidad mexicana y
latinoamericana. 

Para ese fin, debemos examinar de nueva cuenta, con
profundidad y amplitud, el tema del movimiento de masas en
M�xico y sus concreciones actuales: el Di�logo Nacional, la
Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, la Promotora por
la Unidad Nacional contra el Neoliberalismo, la Convenci�n
Democr�tica Nacional, la Otra Campa�a, etc�tera. En este
examen es necesario que se involucre al mayor n�mero de los
camaradas del Partido de todos los lugares del pa�s. Puesto
que el movimiento de masas no es homog�neo, se trata de
cotejar las experiencias diversas para extraerles toda su
riqueza, con el fin de que todo el Partido en su conjunto
cuente con los mejores elementos para su eficaz
participaci�n en este frente, que es fundamental en
nuestros d�as. 

Otra tarea que debemos desarrollar con rumbo al XX Congreso
es la de ahondar en nuestro acervo te�rico, en particular
en el pensamiento y la obra de Lombardo. Reexaminar a
profundad su producci�n ideol�gica, sobre todo la que
formul� en su �poca de dirigente de la Confederaci�n de
Trabajadores de M�xico, de la Confederaci�n de Trabajadores
de Am�rica Latina y en la que dirigi� al Partido, que en
conjunto va desde 1936 hasta la desaparici�n f�sica del
maestro, en 1968. Su pensamiento y su obra contienen
elementos con gran valor y actualidad que, aunque parezca
incre�ble, no hemos estudiado lo suficiente ni le hemos
extra�do toda su riqueza. Hay quienes citan a Lombardo de
manera dogm�tica y ajena a la dial�ctica, que presidi� su
manera de abordar el examen de la realidad; ese modo de
proceder, es natural que conduzca a errores garrafales a
quienes as� act�an. 

El hecho es que Lombardo fue un ide�logo y un militante;
inmerso en el combate diario, como estuvo a lo largo de su
vida, expres� ideas y opiniones que abarcan distintos
niveles del quehacer revolucionario: formul� juicios
te�ricos profundos, que tienen vigencia por largo tiempo,
como muchos que elaboraron Marx, Engels, Lenin y otros
luchadores de gran relevancia. Pero Lombardo, igual que
todos los citados, tambi�n hizo pronunciamientos que ten�an
que ver con la coyuntura, con alguna batalla concreta que
se libraba en el momento, y otros m�s, relacionados con un
per�odo determinado, quiz�s no tan coyuntural pero tampoco
de larga vigencia. Citar a Marx en alguna de sus opiniones
sobre un hecho particular, sobre alguna cuesti�n muy
concreta y tratar de generalizar esa opini�n y aplicarla a
un momento hist�rico distinto, a otras circunstancias,
implica incurrir en el grave error del dogmatismo; igual
sucede con el pensamiento de Engels, de Lenin y de todos
los destacados pensadores de la clase obrera, incluido
Lombardo, desde luego. En cambio, si recurrimos a las
cuestiones de esencia de su obra, podremos hallar luces que
contribuyan a alumbrar las luchas de la clase obrera y los
pueblos de M�xico y de Am�rica Latina en la etapa actual, y
de aqu� en adelante, hacia la conquista de nuestra segunda
y definitiva independencia, econ�mica y pol�tica, y hacia
la edificaci�n de la sociedad socialista y comunista.
Debemos escudri�ar una vez m�s en la obra de Lombardo con
el inter�s de encontrar y poner a la vista algunos de sus
aportes esenciales al marxismo leninismo.

Asimismo, en el terreno de la batalla de las ideas, debemos
reexaminar y poner a la vista las experiencias de nuestro
Partido y del lombardismo a lo largo del tiempo en su
praxis concreta, sobre todo las que tienen relaci�n m�s o
menos directa con nuestras luchas actuales y sus rasgos
caracter�sticos. Tal es el caso de las que tienen que ver
con la forma en que nuestro Partido aplic� su l�nea
estrat�gica y t�ctica en diversos momentos de su historia,
y de su pol�tica de alianzas. Esto, con el mismo fin de
extraer ense�anzas v�lidas, y tambi�n porque las
condiciones mismas de la lucha actual, en la que
interactuamos con variadas corrientes y organismos de la
izquierda de todos los matices, ponen todas esas cuestiones
en la mesa de las discusiones cotidianas a todos los
niveles, tanto en los de direcci�n como en los de las bases
partidarias. Un repaso y reevaluaci�n de las principales
l�neas seguidas por el Partido en unos y otros momentos de
la lucha pol�tica, en una realidad que siempre es din�mica
y cambiante, no s�lo es �til, sino necesaria en estos
momentos, en tanto que pondr� armas ideol�gicas y pol�ticas
en manos de todos los militantes del Partido y har� su
lucha m�s eficaz. 

En otra l�nea de las actividades orientadas al XX Congreso,
debemos avanzar en los aspectos de la estructura y la
organizaci�n. Las condiciones deplorables en las que se vio
inmerso nuestro partido antes de la Reposici�n del XVIII
Congreso, y m�s tarde, las enormes limitaciones que hemos
enfrentado, desde el punto de vista material y econ�mico,
han afectado severamente nuestra estructura. Por eso ser�
necesario revisar, enriquecer y precisar el plan general de
actividades de nuestro Partido. 

De acuerdo con nuestros estatutos vigentes, el Congreso,
organismo supremo del Partido, se re�ne por lo menos cada
cinco a�os. Habiendo realizado el XIX Congreso en mayo de
2002, nos corresponde celebrar el siguiente a m�s tardar en
mayo de 2007. Sin embargo, el Comit� Central debe examinar
y resolver si nos ajustamos a la fecha o si realizamos una
serie de actividades preparatorias que, aunque lleve un
poco m�s de tiempo, nos permita llegar a un Congreso que
cumpla con lo que el momento pol�tico exige de un partido
como el nuestro. 

Ciudad de M�xico, diciembre de 2006. 



*End*

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