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13.05.2008, Ponencia de nuestro Primer Secretario en la
Conferencia Internacional La obra de Carlos Marx... [Sp.]
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From: Popular Socialist Party of Mexico, Tuesday, May 13,
2008
http://www.ppsdemexico.org , mailto:ppsm@ppsdemexico.org
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Sujeto y Revoluci�n en Am�rica Latina y en M�xico [1]
Por Cuauht�moc Amezcua Dromundo.
Maestro en Ciencia Pol�tica por la UNAM.

Investigador del Centro de Estudios Filos�ficos, Pol�ticos
y Sociales Vicente Lombardo Toledano.

Primer Secretario del Partido Popular Socialista de M�xico.
 
1. Porqu� hace falta construir el sujeto

Las transformaciones ocurridas en el mundo en las dos
�ltimas d�cadas del siglo XX tuvieron efectos negativos en
la regi�n latinoamericana y caribe�a; entre otros, en las
organizaciones populares, democr�ticas y antiimperialistas
y, desde luego, en los partidos de la izquierda
revolucionaria. Unas y otros sufrieron cuantiosos da�os,
como regla general.

En el caso de M�xico, desapareci� el viejo Partido
Comunista, fundado en 1919, para dar lugar a una
organizaci�n afiliada a la social democracia internacional,
el PRD, con un programa reformista ligero, que no propone
construir una sociedad socialista y ni siquiera cuestiona
ni enfrenta al imperialismo, ni se propone, por tanto,
luchar por romper la dependencia econ�mica y pol�tica de
nuestro pa�s respecto del capital financiero y corporativo
internacional. Otras organizaciones de la izquierda tambi�n
desaparecieron o se fracturaron en varios fragmentos, de
manera que la ya vieja "divisi�n de la izquierda", creci�
como nunca, hasta sumar hoy en d�a varias decenas de
partidos y agrupaciones. Mi propio partido, fundado en 1948
por Vicente Lombardo Toledano como Partido Popular,
transformado en 1960 en Partido Popular Socialista y hoy
denominado Partido Popular Socialista de M�xico, tambi�n
sufri� deserciones y fracturas. Incluso otros partidos que
no eran de izquierda, pero espor�dicamente asum�an posturas
antiimperialistas como el PRI- respondiendo a las demandas
de fuerzas m�s avanzadas y movimientos populares, dejaron
de hacerlo y pasaron al bando de quienes justifican y
acatan el Consenso de Washington de manera sistem�tica.

En resumen, hoy no existe ning�n partido de izquierda ni
organizaci�n popular con capacidad para responder por s�
misma a los desaf�os del siglo XXI en M�xico. Hace falta
construirla. Para esto, hay que aprovechar la experiencia
acumulada por el movimiento revolucionario internacional y
la de nuestros propios pueblos; y hay que extraer las
ense�anzas �tiles, asimismo, de las luchas contempor�neas
en unos y otros lugares de Am�rica Latina, que est� en
plena ebullici�n.

2. La indispensable concordancia entre el sujeto y la
revoluci�n hacia reg�menes que trasciendan el sistema de
dominaci�n m�ltiple del capital

En la cadena del capitalismo mundial, en los inicios del
siglo XXI, Am�rica Latina y el Caribe se integran por una
serie de eslabones d�biles que pueden romperse en un plazo
cercano y dar paso a la construcci�n de reg�menes que
trasciendan el sistema de dominaci�n m�ltiple del capital
[2]. Es decir, en nuestra regi�n y desde luego en el caso
de M�xico- existen condiciones objetivas para la
Revoluci�n, y procede multiplicar los esfuerzos para
desarrollar las subjetivas. Al respecto, puesto que no
existe un sujeto revolucionario ahist�rico, v�lido para
todas las etapas, sino uno concreto, que es fruto de la
formaci�n social de la que surge y, a la vez, constructor
de una nueva, distinta y superior, que debe estar libre de
las contradicciones irreparables de la vieja sociedad, el
primer aspecto a considerar al proponernos construir el
sujeto, es el de precisar las contradicciones medulares de
la sociedad enferma, que aspiramos a reemplazar, cu�l es la
fundamental y cu�l su parte m�s aguda, que necesariamente
ha de ser erradicada en la nueva sociedad. Al poner a la
vista las contradicciones principales, la fundamental y su
parte m�s aguda, se ponen en claro los objetivos de la
Revoluci�n y as� tambi�n la identidad del sujeto y su
composici�n clasista.

Entrando, por tanto, al an�lisis concreto del problema
concreto, observamos que nuestros pa�ses: 

a) Est�n en la fase pre capitalista de su desarrollo, con
sociedades en las que la industrializaci�n no ha ocurrido o
se ha dado de modo incipiente.

b) Conservan importantes remanentes de los modos de
producci�n previos al capitalismo: la comunidad primitiva,
con presencia en M�xico y m�s todav�a en Centroam�rica y en
la regi�n Andina; el esclavismo y el feudalismo, ambos con
especificidades que los diferencian de sus formas cl�sicas,
que ocurrieron en Europa.

c) En los pocos en los que hubo industrializaci�n,
Argentina, Brasil, M�xico, Uruguay, Chile y alg�n otro, se
ha dado un capitalismo dependiente y subordinado, que es
una de las dos caras complementarias de ese r�gimen en
nuestro tiempo; los pa�ses capitalistas desarrollados
imperialistas- no podr�an existir si no existiera su
contraparte, los pa�ses dependientes, como los nuestros.
Una de las principales caracter�sticas de estos �ltimos
radica en que el poder econ�mico principal reside fuera del
territorio nacional, en la metr�poli imperialista y no lo
ejerce una burgues�a asentada en dicho territorio ni
vinculada a lo nacional en modo alguno; lo ejercen c�rteles
y empresas transnacionales con sedes afuera. Desde luego,
tambi�n el poder pol�tico real est� fuera del territorio
f�sico del pa�s y en manos de las mismas fuerzas ajenas: el
capital financiero y corporativo internacional y los
estados imperialistas que son instrumentos pol�ticos y
militares de �ste. 

d) Por otra parte, muy notoriamente en los casos de Brasil
y M�xico, aunque no s�lo en �stos, el capitalismo se ha
encimado a los modos de producci�n pre capitalista, que
subsisten significativamente y con los cuales coexiste. [3]


e) La llegada tard�a de nuestros pa�ses a la
industrializaci�n, determina para nosotros la imposibilidad
del desarrollo por la v�a capitalista; tal perspectiva
qued� en el pasado, en otra etapa del sistema capitalista
mundial, anterior a la fase imperialista exacerbada a la
que com�nmente se conoce hoy como globalizaci�n neoliberal.
Por eso, aqu� m�s que en cualquier otra parte del Planeta
carece de sentido la idea de reformar al capitalismo: sus
males no tienen remedio, y el sistema para nosotros carece
de perspectiva alguna.

Conclusiones: a) En nuestra regi�n m�s todav�a que en
otras, la parte m�s aguda de la contradicci�n fundamental
se da entre el imperialismo y el conjunto de clases y
sectores sociales que aqu�l expolia, que son casi todas,
salvo una peque�a elite, una oligarqu�a terrateniente, en
la mayor�a de los casos; un sector de la burgues�a,
proimperialista y subordinado, en unos pocos; b) Esa
contradicci�n m�ltiple es la que ha madurado y exige ser
superada en una nueva sociedad, en la que debemos lograr
nuestra segunda y definitiva independencia; c) Aqu� es
donde se hermanan el pensamiento marxista, como m�todo de
estudio de la realidad y como teor�a general de la
transformaci�n de las sociedades humanas, con los ideales
de Sim�n Bol�var, el Libertador, de Benito Ju�rez, Jos�
Mart� y de otros de nuestros pr�ceres, cuyos ideales
conservan su vigencia, dada la realidad latinoamericana; d)
El sujeto revolucionario que concuerda con los objetivos de
esta fase de la revoluci�n, tiene una composici�n clasista
plural y est� potencialmente integrado por el conjunto de
las clases y sectores de la sociedad que tienen como
expoliador y enemigo al imperialismo, no el �nico enemigo,
dadas las m�ltiples y diversas contradicciones internas,
pero s� el principal.

3. Dial�ctica de la revoluci�n de liberaci�n nacional y la
revoluci�n socialista

Ahora bien, las revoluciones de liberaci�n nacional son muy
complejas puesto que llevan en su seno la unidad y lucha de
contrarios. Las distintas clases y sectores de la sociedad
que se unen para llevarlas a cabo contra la fuerza externa,
que las sojuzga- tienen que dirimir sus propias
contradicciones a cada paso y, asimismo, tienen que
seleccionar diversos tipos de respuesta, m�s o menos
radical, frente al enemigo com�n. En ese proceso, seg�n
predominen unas u otras fuerzas, la revoluci�n puede
avanzar hacia formas superiores hasta desembocar en una que
socialice los medios de producci�n y cambio, como sucedi�
con la Revoluci�n Cubana, o estancarse y sucumbir. Cuando
sucumben, abren paso a una fase regresiva hacia una
dependencia m�s acentuada, neocolonial, de mayor saqueo,
explotaci�n y miseria. Por el contrario, las revoluciones
de liberaci�n nacional que avanzan en medio de la lucha,
r�pidamente agotan esta fase y se transforman en
revoluciones socialistas. Y a fin de cuentas, son las
�nicas que alcanzan de manera plena el objetivo
originalmente trazado: la independencia econ�mica y
pol�tica con respecto del imperialismo, adem�s de iniciar
formas distintas, m�s avanzadas de relaci�n social, sobre
todo respecto a la distribuci�n del producto del trabajo
social. 

Es decir, en nuestros d�as, las revoluciones de liberaci�n
nacional no pueden desembocar en sociedades capitalistas
independientes, ese camino est� cerrado hist�ricamente;
s�lo alcanzan el objetivo de la independencia definitiva y
el pleno ejercicio de su soberan�a, si en el transcurso de
la lucha se transforman en revoluciones socialistas. 

4. El partido de clase y la articulaci�n de los sujetos
revolucionarios. 

El partido de la clase obrera tiene un rol fundamental en
estos procesos. No lo desempe�ar� adecuadamente si no los
entiende, si pretende repetir experiencias y formas de
lucha de otras �pocas o de otras latitudes. Porque el
primer requisito para transformar la realidad con un
sentido revolucionario, es conocerla, no imaginarla
atribuy�ndole caracter�sticas diferentes a las que en
verdad posee. 

Al agudizarse la explotaci�n de nuestros pueblos y el
saqueo de nuestros recursos por parte del imperialismo,
como ha sucedido con la globalizaci�n neoliberal, por todas
partes surgen brotes de descontento, espont�neos estallidos
de insurrecci�n popular. La construcci�n del sujeto de la
revoluci�n por la segunda y definitiva independencia
consiste en lograr la articulaci�n de todo ese amplio y
heterog�neo conjunto de fuerzas. Para el efecto: a) El
partido de la clase obrera tiene que interactuar con todas
estas fuerzas durante todo el proceso de construcci�n del
sujeto, y hacerlo con dedicaci�n y tacto; b) Debe ser tenaz
en el aglutinamiento del mayor n�mero de fuerzas que sea
posible, que tengan las caracter�sticas se�aladas y, por lo
mismo, debe evitar y combatir toda forma de
autosuficiencia, sectarismo, maximalismo o intransigencia;
c) Debe ser tenaz tambi�n en cuanto a contribuir a evitar
que el sujeto en proceso de formaci�n sea saboteado por
alguna corriente sectaria que en nuestra realidad
proliferan- o cooptado por alguien que quiera aprovecharlo
para los prop�sitos de pol�ticos profesionales
oportunistas, que tambi�n proliferan; d) Debe contribuir a
la educaci�n pol�tica de todos los integrantes del bloque,
a la elevaci�n de su conciencia antiimperialista y su
conciencia de clase; e) Debe ser paciente y tenaz en la
discusi�n, en la batalla de las ideas en el seno del sujeto
en proceso de construcci�n; en la definici�n y el armado
del programa y en la definici�n de las tareas, todo ello
con el fin de fortalecer al conjunto de fuerzas y
orientarlo hacia los objetivos de la liberaci�n y, en su
momento, hacia otros fines m�s avanzados desde el punto de
vista de la transformaci�n revolucionaria de la sociedad;
f) Al mismo tiempo, debe ganar autoridad moral en el seno
del conjunto de fuerzas, por su sencillez, dedicaci�n y
tenacidad; por su desinter�s en cuestiones menores; por su
camarader�a; por no disputar posiciones ni intentar sacar
ventajas; por lo acertado de sus propuestas. Nada ser�a m�s
negativo que el partido de la clase obrera llevara ante el
sujeto en formaci�n, la pretensi�n de proclamarse la
"vanguardia" a priori; que disputara la direcci�n formal;
que peleara por estar a la cabeza; que quisiera imponer sus
tesis, sus objetivos sobre la base de la ret�rica o de las
maniobras, y desde�ara las demandas de todos los sectores y
clases sociales convocados. Con ello atentar�a contra la
integraci�n del sujeto y su fortalecimiento, y alejar�a la
perspectiva de la victoria revolucionaria.

�Quiere decir esto que en la actualidad la clase obrera ya
no es la clase social revolucionaria por excelencia, como
dicen algunos que teorizan al respecto? �Que han surgido
nuevos actores sociales frente a los cu�les la clase obrera
perdi� el papel de sujeto revolucionario que otrora le
correspond�a? �O que ni siquiera lo tuvo nunca como una
regla general y que fue un error te�rico atribu�rselo? No,
nada de eso es verdad. Es cierto que en la lucha por la
liberaci�n de los pa�ses dependientes participan varias
clases y sectores sociales, pero no son "nuevos" actores.
Al contrario, en la mayor�a de los casos se trata de
"viejos" actores sociales, muchas veces m�s viejos que la
clase obrera. El movimiento ind�gena y el campesinado, por
ejemplo, anteceden en el tiempo a la clase obrera que surge
hasta una fase muy posterior, cuando llega la
industrializaci�n. 

La clase obrera sigue siendo la clase social revolucionaria
por excelencia, si se habla de la fase de transici�n al
socialismo. S�lo que en la regi�n latinoamericana y
caribe�a est�n maduras las condiciones objetivas para otra
fase de la revoluci�n, como ya se dijo, la revoluci�n de
liberaci�n nacional con respecto del imperialismo, y en
�sta, el sujeto revolucionario es plural, igual que lo fue
la lucha por nuestra independencia pol�tica con respecto de
Espa�a y las otras potencias europeas.

Sobre el programa que el sujeto debe enarbolar, ha de ser
uno que se oriente al prop�sito de liberar al pa�s de la
dependencia econ�mica y pol�tica con respecto del
imperialismo. Deber� orientarse a romper con los dictados
del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial;
fortalecer la econom�a en manos del Estado; defender y
consolidar las empresas y ramas de la econom�a estrat�gicas
para la soberan�a y el desarrollo propio, que no han pasado
a manos privadas; rescatar las que fueron privatizadas,
sobre todo las entregadas a los capitales extranjeros;
denunciar los Tratados de Libre Comercio y oponerse al
ALCA; rechazar el pago de la deuda externa porque es
injusta y se ha pagado varias veces; acelerar el desarrollo
de las fuerzas productivas nacionales y diversificar el
comercio hacia todos los mercados del mundo, de acuerdo con
el principio de beneficio mutuo y sin condiciones
pol�ticas. Impulsar la integraci�n econ�mica y pol�tica de
todos los pueblos hermanos de Am�rica Latina y el Caribe al
tenor del ALBA. 

Deber� proponerse la mejor�a de las condiciones de vida de
las masas populares; aumentar sus recursos; liquidar el
analfabetismo; mejorar cuantitativa y cualitativamente la
educaci�n y formar los cuadros medios y superiores para el
progreso de la naci�n; incrementar los servicios sociales y
de salubridad y defender y acrecentar nuestra cultura.
Deber� instaurar un aut�ntico r�gimen democr�tico, pues los
de la llamada "democracia representativa" que proliferan,
s�lo son de fachada. 

5. La construcci�n del sujeto revolucionario en el caso de
M�xico

Igual que sucede en lo general, en M�xico en los �ltimos
a�os han proliferado los estallidos de inconformidad
popular: en Chiapas, Atenco, Michoac�n, Oaxaca, Chihuahua,
Zacatecas, Baja California, en todas partes del territorio
nacional, y entre los m�s diversos sectores de la
poblaci�n, pues son muchos los golpeados y sacrificados por
las pol�ticas neoliberales que ha exigido el imperialismo y
que la burgues�a dominante, que est� al servicio de aqu�l,
ha venido imponiendo desde Miguel de la Madrid hasta Felipe
Calder�n. 

M�ltiples estallidos de resistencia surgieron respondiendo
a problemas particulares, pero poco a poco se han ido
percatando de que todos sus problemas obedecen a las mismas
causas profundas. Los problemas de los maestros de escuela
no tienen soluci�n por separado, ni los que aquejan a los
trabajadores electricistas, o a los mineros y metal�rgicos,
a los campesinos ni a los ind�genas de las m�s de cincuenta
etnias mexicanas. No hay salida para lo que angustia a los
j�venes, sin perspectivas de trabajo y cuyos derechos a la
educaci�n, a la salud y al deporte se les escamotean, ni a
las dificultades que sufren las mujeres, si no se ataca la
ra�z de todos estos conflictos, el problema esencial: la
intervenci�n y el saqueo de que nos hace objeto, cada vez
m�s, el imperialismo, es decir, el capital financiero y
corporativo internacional. 

En los �ltimos a�os y meses, junto con una mayor
experiencia acumulada, se registran importantes avances en
la construcci�n del sujeto. Diversos referentes de la lucha
popular van llegando a la conclusi�n justa de que es
necesario combatir no s�lo a los enemigos particulares de
uno u otro sector, de una u otra zona o regi�n, sino a la
clase social dominante en su conjunto -la burgues�a
subordinada- y todav�a m�s, a la fuerza externa que
sostiene a esta burgues�a, sin cuyo soporte, �sta nada
ser�a: el imperialismo, al que �sta sirve y que es el
fundamental y verdadero enemigo com�n de la clase obrera y
de todos los sectores populares en el caso de cualquier
pa�s capitalista dependiente, como el nuestro, y en general
los de Am�rica Latina y el Caribe.


En la medida en que los distintos movimientos populares se
han ido percatando de esta realidad, junto con el nivel
superior de conciencia que adquieren, junto con el
descubrimiento de que el enemigo ocupa distintos niveles,
desde el que est� frente a cada quien -el cacique, el l�der
sindical espurio, el patr�n sinverg�enza y explotador, el
gobernante repudiado- hasta la burgues�a subordinada y,
arriba de �sta, el imperialismo; y en la medida en que se
han percatado asimismo de que nada se resuelve si se
derrota s�lo al enemigo m�s cercano, en tanto no se aplaste
al que est� atr�s y por encima de todos, al que en �ltima
instancia todos deben su existencia, en esa misma medida
van d�ndose cuenta asimismo de que es indispensable
articular las luchas de unos con las de los otros sectores,
porque siendo el enemigo fundamental uno com�n, no existe
raz�n para combatirlo de manera aislada; as� nadie podr�a
vencerlo ni, por tanto, resolver nada, ni sus problemas
concretos ni los de orden general.

Hoy existen varios procesos de construcci�n del bloque
social plural que pueda llegar a constituir el sujeto de la
Revoluci�n, en distinto grado de maduraci�n: la Asamblea
Popular de los Pueblos de Oaxaca; la Promotora por la
Unidad Nacional contra el Neoliberalismo; el Di�logo
Nacional por un Nuevo Proyecto de Naci�n, entre otros. Este
�ltimo es el que m�s ha avanzado en lo program�tico;
tambi�n en lo cuantitativo aglutina ya a m�s de 600
organizaciones sindicales y populares, ind�genas, de
j�venes, de mujeres, regionales y nacionales, incluidos
partidos pol�ticos de la izquierda revolucionaria-;
asimismo en sus niveles de articulaci�n y en su
combatividad. El Partido Popular Socialista de M�xico
interact�a con todos los movimientos de masas, sin
excepci�n, pero no encabeza formalmente ninguno.




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