CPUSA, Hands off Venezuela!

1/25/19 3:42 PM
  • USA, Communist Party USA Venezuela 2019 En Es North America Communist and workers' parties

The already dangerous situation involving Venezuela has suddenly escalated over the last few days, as the legally elected president, Nicolas Maduro, has prepared to start a new term.

On January 21, a small group of Venezuelan National Guard soldiers attempted and failed to carry out a military coup. They were encouraged in this effort not only by the Venezuelan right but by reactionary leaders and governments in neighboring countries, and by U.S. President Donald Trump, Vice President Mike Pence, Secretary of State Mike Pompeo, and U.S. National Security advisor John Bolton.

Then on January 23, the Trump administration announced it is recognizing an obscure right-wing politician, Juan Guiadó, as the legitimate president of Venezuela. Guiadó, part of the fascist elements of the U.S. supported Venezuelan opposition, illegally declared himself president, under an imaginary constitutional mandate. Guaidó is the new President of the National Assembly, an illegitimate body that Venezuela’s Supreme Court has ruled, since 2016, to be in contempt of court.

In response to the Trump administration actions, and very naturally, the Venezuelan government has broken off diplomatic relations with the United States. Venezuela ordered U.S. diplomats to leave the country within 72 hours, but in another dangerous move, the U.S. is ordering them to stay on the pretext that Maduro is not the real president. More unilateral sanctions are also being imposed by the Trump administration.

Venezuelans in their thousands have poured into the street to express their opposition to the U.S. moves.

The Trump administration’s intervention in Venezuela is a clear violation of international law, national sovereignty, and independence. The actions are consistent with their disdain for democracy in all its forms, and their trampling on constitutional and democratic rights in the U.S. as well as internationally. The actions are reminiscent of the long history of U.S. imperialist arrogance, overthrowing governments, invasion, gunboat diplomacy and the installation of subservient military juntas.

This policy had and has no place in relations between states. The people of the United States should be especially sensitive to this given foreign interference in our own 2016 elections and its impact on the outcome. What’s good for us is good for the Venezuelan people too.

There is a danger that this high handed, imperialist action on the part of the Trump administration will serve as a pretext for even more violent intervention by the United States and allied extreme right-wing governments in Brazil, Colombia and others in Venezuelan internal affairs.

This sharp escalation of attacks on Venezuela comes after long U.S. campaign of destabilizing the Venezuelan economy and society. Imperialism cannot tolerate, in its so-called “back yard,” governments that use their nations’ wealth, in Venezuela’s case derived from its massive oil resources, to improve the lives of working people and the poor rather than deliver that wealth to fill the coffers of transnational corporations.

But resolving the challenges, crises and political differences in Venezuela us up to the Venezuelan people and their own democratic processes. It must be done free from the U.S. and other foreign interference.

Moreover, the actions of the Trump administration risk the imposition of a military dictatorship on the Venezuelan people, with a resulting elimination of all democratic rights, and sparking a civil war that could spill over to the entire region.

Destabilizing Venezuela intending to achieving “regime change” and the imposition of yet another anti-worker right-wing government like those of Jair Bolsonaro in Brazil and Ivan Duque in Colombia is not in the interests of the Venezuelan working people or those of the United States. Under both President Maduro and his predecessor, Hugo Chavez, Venezuela has repeatedly shown its willingness to maintain friendly relations with the United States and its people, even going so far as to help poor communities in the United States by providing them with discounted heating oil.

The people of the United States need to speak out forcefully and immediately to put a stop to the Trump administrations’ reckless actions against Venezuela, which could easily lead to a civil war with regional and U.S. participation.

The Communist Party USA calls on all our members and friends to immediately contact their senators and representatives to demand an end to this illegal and dangerous intervention in the affairs of a sovereign nation which has done nothing to harm our country or its people


 

¡MANOS FUERA DE VENEZUELA!

 

La situación cada vez más peligrosa se ha empeorado en una forma drástica en los últimos días, con el comienzo del nuevo mandato presidencial de Nicolás Maduro.

El 21 de enero, un grupúsculo de soldados de la Guardia Nacional venezolana fracasó en un intento de llevar a cabo un golpe militar.  El intento golpista fue fomentado no solo por las derechas venezolanas, sino también por los gobiernos y líderes reaccionarios en la región suramericana, y por el presidente Donald Trump de los Estados Unidos además del vicepresidente Mike Pence, el Secretario de Estado Mike Pompeo y el Asesor de Seguridad Nacional John Bolton.

Luego en el día 23 de enero, la administración de Trump anunció su reconocimiento como presidente “interino” de Venezuela a un político derechistacasi desconocido, Juan Guiadó.   Guiadó es el nuevo presidente de la Asamblea Nacional, una entidad ilegitima que fue declarado en desacato por la corte suprema de Venezuela desde 2016.

Naturalmente Venezuela respondió a este acto altanero, rompiendo relaciones diplomáticas con los Estados Unidos y mandando que  el personal diplomático estadounidense salga de Venezuela en 72 horas a más tardar.   Pero en otro acto peligroso, el gobierno de Trump les ordenó permanecer en sus puestos bajo el pretexto de que Maduro no es el presidente legítimo.

Además, el gobierno estadounidense pretende imponer aún más sanciones unilaterales a Venezuela. Por ejemplo, los Estados Unidos seha apoderado de los activos petroleros del gobierno de Venezuela en este país, con la idea de utilizarlos para financiar al gobierno títere que Washington pretende establecer.  A la vez, el Banco de Inglaterra niega entregar a Venezuela $ 1.2 mil millones en oro que pertenece al gobierno venezolano.

En forma de respuesta miles de venezolanos han llenado las calles para defender a la soberanía de su patria.

La intervención de la administración de Trump en los asuntos internos de Venezuela es una descarada violación de las leyes internacionales, de la soberanía, y de la independencia.  Estas acciones son consistentes con sus otras acciones y políticas, mostrando el mismo desdén por la democracia en todas sus formas, y con su práctica de pisotear los derechos democráticos y constitucionales tanto dentro de los mismos Estados Unidos como en otros países.  Estas acciones nos recuerdan de la larga historia de arrogancia imperialista de los Estados Unidos, que ha incluido el derrocamiento de gobiernos soberanos, las invasiones, diplomacia cañonera, y la instalación de juntas militares subordinadas al imperialismo. 

Tales prácticas no tienen lugar en las relaciones entre las naciones.  El pueblo estadounidense debe tener una sensatez especial tomando en cuenta la injerencia extranjera en nuestras propias elecciones de 2016 y las consecuencias.  Lo que se debe aplicar a nosotros debe aplicarse a los venezolanos también. 

Existe mucho peligro que esto acto arrogante e imperialista del gobierno de Trump sirva como pretexto para una intervención aún más violenta de parte de los Estados Unidos y los otros gobiernos de extremas derecha en la región – como Brasil y Colombia—en los asuntos internos de Venezuela.

La fuerte escalada de ataques contra Venezuela viene después de una larga campaña estadounidense de desestabilizar la sociedad y la economía venezolanas.  El imperialismo no puede tolerar, en su “patio trasero”, los gobiernos que emplean sus riquezas nacionales para mejorar las vidas de sus ciudadanos en lugar de enriquecer a las grandes corporaciones multinacionales.

Sea como sea, le toca al pueblo venezolano con sus propios procesos democráticos y a nadie más bregar con los retos, las crises y las diferencias políticas.  Esto debe dejarse al pueblo venezolano sin injerencia de parte de los Estados Unidos y otros países extranjeros.

Además las acciones de la administración de Trump arriesgan la imposición de una dictadura militar al pueblo venezolano que traería en cadena la eliminación de todos los derechos democráticos y muy posiblemente desatando una guerra civil que podría extenders a toda la región.

La desestabilización de Venezuela con la intención de cambiar al gobierno e instalar en poder a otro gobierno derechista y anti-obrero, como los de Jair Bolsonaro de Brasil e Ivan Duque de Colombia, no corresponde con los verdaderos intereses ni de los trabajadores venezolanos ni de los trabajadores estadounidenses.  Venezuela durante la presidencia de Maduro y de su antecesor, Hugo Chávez, en repetidas ocasiones, han mostrado su voluntad de mantener relaciones amistosas con el gobierno y pueblo de los Estados Unidosincluso yendo tan lejos como de haber abastecido a algunos de nuestras comunidades más pobres con combustible de calefacción con descuento.

El pueblo de los Estados Unidos necesitamos expresarnos con fuerza para poner fin a las acciones imprudentes en contra de Venezuela, que fácilmente podría  resultar una guerra civil y regional con  la participación de nuestro país.

El Partido Comunista de los Estados Unidos hace un llamado a toda nuestra militancia y a todos nuestros amigos a contactar a sus congresistas y senadores e insistir que pongan fin a esta intervención ilegal y peligrosa en los asuntos internos de una nación que absolutamente nada ha hecho que perjudique a nuestra nación y a nuestro pueblo.